Rakuin no Monshou Volumen 4 - Capítulo 2

LA HORA DEL TÉ DE LAS PRINCESAS
Parte 1
Retrocediendo en el tiempo un poco hasta unos días antes de que Esmena Bazgan dejara Taúlia.
El sol de la mañana brillaba en la superficie del río Yunos. A primera hora de la mañana, un barco que navegaba río abajo atracó en el muelle, y unos hombres semidesnudos llevaban comida y mercancías a la Fortaleza Apta. Los soldados de guardia los vigilaban, bostezando. Como la guerra con Taúlia acababa de terminar con la paz, era inevitable que no tuvieran ningún sentimiento de tensión.
En medio de eso, Orba se había levantado en su cama y el sol brillaba en su sombrío perfil. Sin moverse lo más mínimo, se mantuvo rígido en esa postura. Posiblemente siguiendo los sabios consejos de alguien, Dinn, que siempre venía a despertarlo temprano, no estaba en ninguna parte. Probablemente Shique, pensó Orba vagamente; de hecho, había llamado a su puerta unas tres horas después del amanecer.
— Orba, ¿estás despierto?
— Sí.
La puerta se abrió mientras Orba respondía. Miró inexpresivamente a Shique, que estaba de pie ante él. Shique no había pensado en esa respuesta rápida, pero sorprendentemente, Orba ya se estaba vistiendo. Sonrió al ver que parecía haberse recuperado,
— ¿Qué tal si desayunamos? Puedo hacer que lo preparen de inmediato, pero...
— No —Orba paso de largo a Shique y salió—. Ahora mismo, haré que reúnas una tropa militar. Reúne a esta gente por mí.
Shique se sobresaltó pero, al notar que los artesanos que trabajaban en las reparaciones de la fortaleza venían de la dirección opuesta, se inclinó con la actitud de un guardia imperial ante el príncipe.

Orba seleccionó varios comandantes para que los refuerzos fueran enviados a Garbera. Dichos refuerzos no eran más que un centenar. Había una veintena de caballería montada y dragones respectivamente, así como diez pilotos de naves que actuaban como soldados del regimiento de la división de aérea, que eran miembros de la Guardia Imperial. Aparte de eso, todos los demás soldados de infantería eran esclavos.
Esa fue la información que llegó a oídos de Gowen.
— ¿No hay muy pocos soldados de a pie?
— El resto será liberado —contestó Orba con un breve murmullo.
Después de las batallas defensivas de Apta, la tropa de más de cincuenta ex esclavos gladiadores se convirtió en soldados de infantería dirigidos por Pashir, que se espera sean liberados de su condición de esclavos. Su mano los había estado deteniendo desde hacía tiempo, pero, 
— Una promesa es una promesa.
Gowen se limitó a decir “bien”, y ya no discutió sobre la organización. Pashir era el comandante de la infantería, mientras que además, el propio Gowen fue nombrado ayudante de esta tropa militar y así iría a Garbera. Pero esta vez, el que tenía los ojos más fijos en su propia situación era Kain.
— ¿Voy a liderar la tropa militar? Es una broma, ¿verdad?
Su conocido de los días en el grupo de gladiadores de Tarkas se quedó pálido de consternación. Mientras transmitía el mensaje, Shique sonrió irónicamente: 
— Tú no. El que dirigirá la tropa hasta el doloroso final será Orba. El ex gladiador enmascarado que ganó el puesto de Clovis. El príncipe dice que tiene que quedarse aquí, ¿entiendes?
— ¡Nunca he tomado el mando en la guerra!
— Está bien dejarle eso a tu ayudante, Gowen. Está bien si te quedas de pie en el frente gritando: “¡Vamos, vamooooos!”
— ¿Otra vez lo mismo?
En la batalla de la Fortaleza de Zaim, Kain había sido obligado a hacer algo muy similar.
— Ese Orba, desde que alcanzó la grandeza, se ha acostumbrado a holgazanear. Honestamente, volverá por sus horizontes.
— Peor que las batallas de gladiadores, ¿eh?
Los preparativos para la partida de los cruceros de Dragonstone también comenzaron antes del mediodía. Una vez que los suministros estuvieran cargados, las aeronaves serían traídas. Orba observó el puerto de aterrizaje de las naves sin decir una palabra. Sus brazos cruzados y su expresión sombría, parecía aún más difícil de acercarse que de costumbre. Parecía que iba a matar a cualquiera que se le acercara, así que nadie le habló.
Desde hacía tiempo, Vileena Owell, que observaba a esa figura por detrás, quiso llamarlo varias veces, pero siempre se rindió. El hecho de que Gil Mephius hubiera decidido enviar refuerzos a Garbera era una alegría, pero esta vez el príncipe se quedaría en Apta.
Como la Guardia Imperial y la unidad de Infantería Independiente constituían la mayor parte de los refuerzos, significaba que las fuerzas militares que quedaban en Apta eran -empezando por Shique- diez o menos Guardias Imperiales, así como la fuerza principal de la División Blindada Negra del General Oubary. Desde luego, como señor del castillo, Gil sin duda debía quedarse y ejercer su autoridad sobre él, pero tenía la sensación de que esa no era la razón por la que no se movía.
Dicho esto, Vileena naturalmente no tenía una idea clara de cuál era esa razón. Ni por qué había empuñado una espada contra Oubary la noche anterior, ni por qué había estado llorando, así lo sentía ella:
Es frustrante.
Justo cuando pensaba que el conflicto con Taúlia la había acercado un poco más a su corazón, esto sucedió y se encontró entendiendo cada vez menos a Gil. Sin querer, le dejó caer esos sentimientos a Theresia.
— Me pregunto si los hombres son tan difíciles de entender.
Sin pensar en ello como las tediosas quejas de una joven de catorce años, o mejor dicho, pensando que era un problema propio de la adolescencia, Theresia asintió con una expresión complicada.
— Es lo mismo para los caballeros. Durante toda su vida, no logran entender a las mujeres.
— ¿Eso es verdad?
Mientras hablaba con la doncella que le había servido durante muchos años, el corazón de Vileena se agitó por varias razones. No fue sólo por Gil, también parecía que Ende y su país natal, Garbera, pronto estarían en guerra. Por eso Gil se preparaba para enviar refuerzos, pero no fue una decisión de su país. Había rumores de que el emperador, Guhl Mephius, estaba en contacto con Ende. No quedaba claro qué tipo de efecto tendrían las acciones actuales del príncipe sobre la relación entre Mephius y Garbera - y sobre el compromiso de Gil y Vileena.
Aunque el príncipe estaba envuelto en una atmósfera inaccesible, una persona se le acercó bruscamente. Gowen. Orba no le dio una sola mirada mientras se acercaba pero,
— ¿Crees que esta será una batalla tan dura como la de la Fortaleza de Zaim? Porque Kain ya está temblando de miedo —preguntó en un susurro.
— No —la respuesta de Orba fue inmediata, pero su actitud se mantuvo sombría mientras hablaba—. Ende seguramente piensa que Mephius no se involucrará. Tiene que haber conversaciones continuas sobre esto. Así que para empezar, no estarán preparados para todo esto. Si hacemos una aparición ostentosa, Ende se dará cuenta de que están en desventaja y probablemente no hagan ningún movimiento.
— Lo que significa que el mejor momento es crucial.
— Siempre que sea posible, es mejor actuar antes de que comiencen las hostilidades. Cuando se llega al punto en que ya estás cruzando espadas, para el enemigo también es demasiado tarde para retirarse.
Sin embargo, para repetirlo una vez más, estos refuerzos son muy pocos. Si se unían a la batalla, Ende seguramente comprendería que no habían sido enviados por Mephius.
— Noue también lo dijo. Esta vez, la mayor victoria sería no luchar en absoluto. Ende tiene sus propias circunstancias. Existe el riesgo de que cause un daño considerable, pero no creo que se desarrolle como Zaim.
Habiendo dicho eso, Orba miró con ira a Gouwen.
— ¿Qué pasa?
— ...... Nada.
Orba mantuvo la boca cerrada y no dijo una palabra más. Gowen lo entendía. A pesar de ello, lo interrogó a propósito. Y había conseguido poco de este Orba cuyas verdaderas intenciones eran imposibles de leer. Gowen le miró fijamente durante un rato, entonces, cuando estaba a punto de abrir la boca,
— Su Alteza.
Un soldado galopó con tanto vigor que parecía estar a punto de aterrizar a los pies de Orba. La torre de vigilancia al este del puerto de desembarco estaba en una especie de alboroto.
— ¿Qué pasa?
Preguntó Gouwen en lugar de Orba. Sin embargo, sus ojos se fijaron casi inmediatamente en la causa. En el cielo ya soleado, pensó que podía divisar la forma de una aeronave grande que, acompañada por una escolta de varias naves, descendía en altura mientras se acercaba al puerto de aterrizaje. En su flanco, llevaba el escudo de armas de Mephius.
Cuando vio la figura de la chica que fue la primera en bajar de la nave, Gowen murmuró,
— Así que es la princesa imperial. No han mandado ningún mensajero ni a caballo ni en aeronave.
Seguido por un grupo de doncellas, Ineli Mephius caminó hacia ellos. Su tez bellamente blanca y sus labios de color rojo pálido estaban tan fuera de lugar en esta fortaleza fronteriza que los soldados que la rodeaban parecían querer huir instintivamente.
Cuando Ineli se fijó en Orba -no, para ella era su hermanastro, el príncipe heredero Gil- hizo un gesto con la mano, sonriendo. Con evidente satisfacción por las miradas de sorpresa que captaba, se acercó a Orba e hizo una reverencia.
— Ha pasado mucho tiempo, Su Alteza, Príncipe Heredero Gil. Me alegra encontrarte tan saludable.
— Sí —dijo Orba, sin añadir nada más. Ineli hinchó sus mejillas con una mueca.
— Aunque tu linda hermanita ha viajado una gran distancia para venir y sorprenderte, actúas con frialdad.
— ¿De verdad?
En lo que respecta a Orba, el hecho de tener que seguir siendo el príncipe heredero no era más que una molestia. Una extraña sensación de cansancio había envuelto su cuerpo y su mente. Debido a esto, su comportamiento fue más brusco de lo habitual. Esperando pacientemente, Ineli lo observó desde un costado.
— Ahora bien, en realidad parece que Ax haya atacado personalmente la fortaleza no fue sólo un rumor. Hermano, qué maravilloso es que estés a salvo y sin una sola herida. ¿Pero no pensaste que lo que hiciste daba mucho miedo?
— Sí, es cierto —mientras Gowen le daba un pequeño empujón en la espalda, Orba de mala gana pronunció unas palabras apropiadas—. Y… ¿cuál es tu asunto?
— ¿Cuál es mi asunto?
La arrogante sonrisa de Ineli se desvaneció por un momento y, con una despreocupada mirada de reojo, miró hacia la aeronave que estaba siendo preparada para ser enviada como refuerzo. Los dragones estaban siendo cargados en la nave de guerra. En la parte delantera de la nave, se podía ver a un grupo de soldados armados. Los labios de Ineli volvieron a sonreír.
— Creí que mi hermano se sentiría solo en esta tierra fronteriza, así que vine a visitarlo para reconfortarlo. ¿Serán estos los refuerzos que se preparan para Garbera, me pregunto?
— Sí.
Gil asintió con la cabeza y, por alguna razón, los ojos de Ineli se iluminaron como los de un niño pequeño que acababa de pensar en una travesura juguetona.
— Ya veo. Seguramente, la gente de Garbera estará encantada.
— Estamos profundamente conmovidos de que se haya tomado la molestia de viajar hasta aquí —Gowen se inclinó—. Fue muy amable de su parte venir a este lugar tan lejano. Me temo que no conozco ningún lugar que le agrade a Su Alteza, pero quizás le gustaría visitar la ciudadela. Algunos de los soldados pueden...
— No. Quiero echar un vistazo por mi cuenta. De ninguna manera deberías molestarte por mí.
Ineli se negó con un ligero levantamiento del dobladillo de su falda, luego ella y su grupo de sirvientas fueron a inspeccionar los preparativos para la partida. Miró por todo el puerto de aterrizaje. Y sus ojos se encontraron con los de Vileena, que también estaba allí.
Dio un saludo en dirección a la princesa de Garbera. Ineli no detuvo sus pasos, así que no fue más que un simple asentimiento. Inmediatamente después y como si ya no pudiera controlarse, el borde de sus labios se movió y levantó sus zapatos más rápidamente.
Mientras la espalda de Ineli se alejaba en la distancia, dijo Theresia amargamente,
— Bueno, ¿qué clase de modales son esos? Princesa, por favor, no pierda los estribos por ello.
— Theresia es en verdad inflexible.
Mientras hablaba, Vileena tuvo una mala premonición. Desde que fue tomada como rehén por Zaat Quark, se suponía que la princesa Ineli había permanecido recluida en su habitación. Aunque Vileena estaba preocupada por su salud, al ver a la princesa imperial que de repente había llegado a Apta, en lugar de sentirse aliviada, Vileena recordó su extraña frialdad.
Más o menos en ese momento, los distintos comandantes que Orba había seleccionado personalmente habían reunido a los soldados que ellos mismos habían elegido y los habían llevado al puerto de aterrizaje de la Compañía Aérea, donde, siguiendo las instrucciones de Gowen, se encontraban en filas ordenadas.
Justo ante ellos, Orba llamó a Gowen y al Kain enmascarado y, con el pretexto de darles ánimos, les habló en voz baja.
— Kain, haz lo que Gowen te diga. Si al ver esta nave Ende no se retira, únete a la guarnición de Zaim. No uses la nave grande para atacar. Hay algunas naves de escolta, puedes enviar esas.
— Entendido.
Al notar que la partida era inminente, Vileena corrió hacia ellos con pasos rápidos y ligeros. A quien se acercó no fue a Orba sino a “Kain fingiendo ser Orba”.
— Orba, que la fortuna de la guerra esté contigo. Te encomiendo sinceramente a Garbera.
— Ja, ja, jajajajaja...
Por supuesto, como era Kain, que nunca había estado en contacto con la princesa, fue extrañamente formal. Ante su respuesta, las cejas de Vileena se entrecerraron con un ligero fruncir del ceño.
— Eso me recuerda, ¿ha tenido el príncipe la oportunidad de devolverte la medalla?
— ¿Tengo la medalla? Eso...
Kain tartamudeó, confundido. Nunca había escuchado nada de eso y tenía ganas de maldecir a Orba. Como la persona en cuestión no parecía tener ganas de mandarle un bote salvavidas, sólo podía mirar fijamente a la nave real.
En ese momento, Shique llegó a su rescate.
— Por supuesto, princesa. Es un amuleto de la suerte que le salvó la vida en los juegos de gladiadores. ¿No es cierto, Orba?
— Ah, aah, cierto. Así es.
— Así que pude encontrarme con él de nuevo.
Una nueva calamidad se recrudeció. Ignorando a Vileena, la princesa imperial de Mephius, Ineli, sonrió al espadachín de la máscara de hierro. Al recibir una dulce sonrisa que no correspondía en absoluto a su edad, Kain no sabía qué hacer.
Pero Ineli no detendría a “Orba” por mucho tiempo.
— Nuevo Clovis de Mephius, tengo grandes expectativas sobre tus logros militares —Después de hacer una reverencia como una dama, levantó fugazmente los ojos hacia la máscara de tigre con una mirada implorante—. Algún día, reunámonos para hablar con más tranquilidad.
Dicho esto, y para indicar que ya no tenía nada que hacer allí, ella y sus sirvientas abandonaron el puerto de aterrizaje de la compañía aérea. Vileena, Shique y los demás involuntariamente intercambiaron miradas.
Escalofríos que no entendía agitaban los hombros de Kain y le hacían temblar.
— ¡Bien, hora de irse! —Gritó Gowen.
Unos instantes más tarde, habían abordado el crucero y poco después, mientras los ocho motores llenos de éter zumbaban solemnemente, éste se elevó del puerto de desembarque.
A diferencia de ayer, hoy no había una sola nube en el cielo.
Era tan azul que se sentía como que si miraba hacia arriba le picarían un poco los ojos a Orba.
PARTE 2
Después de supervisar la salida de los refuerzos, Gil Mephius se recluyó en su habitación. Fue igual que durante su primera campaña. Para derrotar a Ryucown en Zaim, durante un tiempo se negó a ver a nadie.
Al parecer tiene una constitución extraña: la gente murmura, que aunque es fuerte en la batalla, después de que ésta termina, su entusiasmo disminuye y se queda postrado.
Puesto que también se hablaba de cómo el príncipe borracho había amenazado con una espada al general Oubary, era probable que su prometida Vileena, o incluso el propio Oubary, le hubiesen reprendido severamente, por lo que estaba de mal humor. Las especulaciones circulaban dentro y fuera de la fortaleza.
— Es muy listo, pero parece que también hay una parte de él que es muy frágil.
— Esa persona sigue siendo un niño.
Había también otros puntos de vista. Era normal que se le ocurrieran a la gente todo tipo de razones para explicar la diferencia entre el príncipe que era llamado tonto y el príncipe que era ahora.
Sea como fuere, y aunque fuera un niño, Gil era ante todo el señor del castillo de Apta, y su aislamiento en su habitación causaba problemas a un gran número de personas.
En poco tiempo, Esmena Bazgan llegaría como enviada de paz. Pero cuando Shique le preguntó una vez qué hacer con la recepción para ella, todo lo que dijo, y a través de la puerta cerrada, fue: 
— Te lo dejo a ti.
Por supuesto, tampoco se reunió con Ineli, que había viajado desde Solón. Como ni siquiera salía a la hora de comer, Ineli sólo había visto una vez al príncipe y fue cuando llegó por primera vez a Apta.
La personalidad de Ineli era tal que nunca podía estar satisfecha si no era siempre el centro de atención. Naturalmente, estaba enfadada. Su grupo de doncellas, que conocía bien su temperamento, hablaba como si fueran a regresar pronto, pero Ineli mostraba una inusual fortaleza y ya había pasado aproximadamente dos días en esta aburrida Apta.
Sobre todo, viendo que la princesa Vileena -que normalmente habría sido la primera en criticar este comportamiento del príncipe- parecía más bien desconcertada, lejos de aburrirse, Ineli sintió que su estado de ánimo mejoraba.
Naturalmente, Ineli no sólo vino a Apta para darle una sorpresa a su hermano. Tenía una razón para querer venir aquí a cualquier precio.
También estaba relacionado con su encuentro en persona con Fedom Aulin en el que lo había puesto nervioso. Sin embargo, no fue simplemente para causar un escándalo que ella había dicho que el príncipe podría ser un impostor. Era un asunto que estimulaba su curiosidad por si mismo. Sin embargo, ciertamente no habría sido suficiente para que se molestara en visitar Apta.
En lugar del príncipe Gil, el objetivo de Ineli era,
Vileena Owell.
Cada vez que se le pasaba por la cabeza ese nombre, su sonrisa, por lo general de rosa, se volvía tan peligrosa como la punta de una espina. Aunque se puede decir que desde el principio no le agradó, la razón por la que su odio había crecido tanto fue el drama de la rebelión de Zaat Quark.
Ineli fue tomada como rehén por Zaat y casi sacada de Solón en una nave. Y entonces, Vileena, que pilotaba una aeronave, y el hermano de Ineli, Gil, que estaba viajando en esa nave, habían venido rápidamente tras ellos.
Ineli no lo podía perdonar. No a Zaat, que había traicionado a su país y que, además, la había utilizado como escudo cuando fue acorralado. Lo único que Ineli nunca podría perdonar es que había sido vista por la princesa Vileena llorando a gritos con una pistola en la boca, y que había sido salvada por la intervención de Vileena y Gil.
Ineli Mephius se había encerrado en el palacio de Solón. Después de cerrar la puerta de su habitación, no había dejado entrar a nadie y había pasado sus días sin ver a casi nadie. La gente que la rodeaba hablaba de lo aterrador que debe haber sido y de lo desgraciada que era, sin embargo, para Ineli, más que miedo, era su orgullo herido y la idea de que se había roto lo que la hacía temblar.
Además, si salía de su habitación, no sabía si se encontraría con la princesa en alguna parte. Y en ese caso, ¿qué tipo de expresión debería mostrar delante de ella, de qué tipo de cosas debería hablar con la princesa?
Gracias por volver en ese momento.
¿Pero quería agradecerle?
Para ser capaz de pilotar esa aeronave a través del fuego enemigo debe haber requerido mucho coraje.
¿Suena bien elogiarla de esa manera?
Mientras permanecía encerrada, el corazón de Ineli se hundió en la oscuridad. Tenía la ilusión de que incluso el aire que no podía hablar se burlaba de ella. El orgullo era la fuente de vida de Ineli. Mientras alguien la alabara, mientras alguien la anhelara, mientras alguien le ofreciera un amor que no le pidiera nada a cambio, el camino de Ineli seguiría bañado de luz.
No importa lo que cueste.
En algún momento, la oscuridad que no podía hablar dejó de burlarse de ella, y la voz del propio corazón de Ineli susurró en su lugar.
No importa lo que cueste, no dejaré que Vileena permanezca por encima de mí.
Cualquier tipo de escenario serviría. Demostrará que superó a Vileena -demostrarlo a otras personas, pero más importante aún, para satisfacerse a sí misma- y siempre y cuando haya un escenario en el que pueda demostrarlo, lo hará. De lo contrario, ya no podría comportarse como Ineli Mephius. Ya no podría mantener la máscara de la princesa imperial que las muchachas de su edad admiraban.
Y así, Ineli había solicitado ir a Apta. Sin embargo, si sólo hubiera sido una cuestión de su complejo, puede que no se hubiera comportado tan activamente. Era extraño decirlo, pero desde hacía tiempo se preguntaba si su hermano Gil no sería un impostor. En otras palabras, fue cuando su complejo y sus sospechas se unieron por primera vez que Ineli decidió que sería bueno ir a Apta.
Mi hermano ha cambiado demasiado.
Su hermano Gil había controlado la rebelión en Solón. Si sólo hubiera sido ese hecho, uno podría pensar que al igual que en su primera campaña en la Fortaleza de Zaim y con el fin de promover al príncipe heredero, los vasallos de alguna manera habían hecho el trabajo y luego anunciaron que las hazañas de Gil habían sobrepasado todas las expectativas. Sin embargo, Ineli había estado observando atentamente.
El Gil que había enfrentado sin miedo a Zaat cuando este último tenía un arma en la mano era definitivamente una persona diferente del hermanastro que conocía. A pesar de que sus características eran exactamente las mismas. Y entonces, cuando además le dispararon, su hermanastro se enfrentó a Zaat y aplastó sus ambiciones con sus propias manos.
Ese no es Gil Mephius.
A medida que pasaban los días, las dudas se convirtieron en convicción. Quién era él, dónde estaba el verdadero Gil Mephius, y otras preguntas por el estilo, ella no lo sabía. Pero si Gil hubiera sido realmente reemplazado, entonces nadie más que ella debería revelar el secreto.
Por no mencionar a la prometida de Gil, Vileena, Ineli lograría lo que ni siquiera los principales vasallos de Solón habían podido hacer. Y cuando ese día llegara, Ineli Mephius seguramente será alabada como una heroína.
— ¿Cuál es el problema, princesa?
En otro lugar, Vileena Owell estaba parada en una ventana mirando hacia afuera cuando sus hombros temblaron un poco.
— Me pareció sentir un escalofrío.
— Oh querida. Si usted contrae una enfermedad en un lugar al que no está acostumbrada, puede prolongarse. Descansar de inmediato es...
— No, no te preocupes —Mientras agitaba la cabeza, cruzó la habitación—. Voy a salir un rato.
Tan pronto como habló, salió volando vigorosamente. El grito de Theresia de “¡Por favor, espere!” no llegó a tiempo.
Al esconderse detrás de cada pilar del pasillo, Vileena esquivó a Theresia. De vez en cuando, la princesa quería salir sola, sin ayudantes ni guardaespaldas. Incluso en la corte real de Garbera, las persecuciones dramáticas que involucraban a Theresia y a un grupo de doncellas eran un hecho común. Desde que llegó a Apta y en caso de una "emergencia", Vileena había metido en su cabeza el mapa del interior de la fortaleza.
Unos diez minutos más tarde, llegó a un lugar que era totalmente inapropiado para una princesa.
Tump, thump, thump; cada vez que el galope de los dragones hacía ruido, el polvo se levantaba y ondeaba en el viento. En el espacio abierto más allá de la valla, se estaba llevando a cabo el entrenamiento de los dragones. Desde el corral de los dragones adyacente a ese espacio abierto se movía el hedor a pescado de las criaturas. Por no hablar de la realeza, era el tipo de lugar al que los plebeyos no se acercaban voluntariamente.
Sin embargo, al otro lado de la valla estaba la figura de una mujer estilizada. Estaba a horcajadas sobre un Tengo, un dragón de tamaño pequeño apto para montar, y galopaba al frente de un grupo de soldados, todos montando la misma raza de dragón. Parecía que estaba siendo perseguida por los hombres vulgares, pero de hecho, ella -Hou Ran- les estaba instruyendo.
Por lo tanto, apenas dijo una palabra. Se fue en silencio hasta el punto de decir que sólo se preocupaba de que los dragones volaran.
Oh, Vileena estaba involuntariamente fascinada. Para reducir la resistencia al viento, aunque sea un poco, y también para evitar ser sacudidos por los dragones, los hombres que viajaban en los Tengo se recostaban sobre sus espaldas, mientras que Hou Ran se sentaba fácil y cómodamente, inclinándose ligeramente hacia delante. Sin embargo, ella era más rápida que nadie. Los pies del Tengo pateaban el suelo mientras corría hacia delante, cortando el viento. El movimiento circular al girar también era ligero y elegante. En cuanto a los soldados que trataban desesperadamente de perseguirla, cada vez que el dragón de Ran dibujaba una curva, se sacudían un poco.
— ¡Maldita mierda!
Una voz resonó, reprendiendo a los hombres. No era de Ran. Mirando hacia la voz, una mujer se apoyaba contra la valla, observando la práctica. Esa forma gorda pertenecía a Krau. Originalmente, había sido una esclava sirviendo a Zaj Haman, un rico comerciante de Birac. Actualmente estaba empleada por el príncipe Gil, que la había adquirido su habilidad para pilotar aeronaves.
Al parecer, había comprado mermelada de manzana en el mercado matutino y se estaba metiendo en la boca una galleta dura que estaba pródigamente untada con ella. Cuando Vileena se acercó a ella, con una velocidad admirable, rápidamente escondió la bolsa de comida detrás de su espalda.
— M-Madam. Definitivamente no estoy sin hacer nada. La buena gente de Apta se encarga del mantenimiento de las aeronaves, y de la limpieza de su interior, todo el mundo lo hace con buena voluntad.
Por supuesto, lo que Vileena no sabía era que cada noche, Krau se apoderaba de soldados y artesanos y jugaba a las cartas. Cuando estuvieran desplumados por completo, les eximía de pagar una parte del dinero que habían perdido, pero a cambio les obligaba a revisar y limpiar las naves bajo las instrucciones de Klau.
— Aún no soy la Señora. No tienes que estar tan asustada.
— ¿Entonces no se lo dirá al príncipe?
La mermelada manchaba su boca mientras imploraba con los ojos hacia arriba, la cara de Krau era suficiente para inducir una risa involuntaria. Sin embargo, Vileena intencionalmente mantuvo una cara seria y asintió con la cabeza.
— Por supuesto que no. Más importante aún, Krau, ¿has pensado en nuestra conversación anterior?
— Esa conversación anterior, ¿quiere decir....
— La de las aeronaves. Te pregunté si me enseñarías a maniobrar esas naves.
— Hmm —Krau se torció el cuello—. Ah, no, por supuesto que no me importa en absoluto, pero ¿qué dice su marido al respecto? Nunca se sabe cuándo puede ocurrir algo, y si ocurriera, las naves necesitan poder volar en cualquier momento, así que tenemos que usar el éter con moderación.
Mientras que su razón para discutir era plausible, "Esto es molesto" estaba escrito claramente en su cara. Vileena sentía que debía sentirse ofendida, pero era difícil odiar a alguien cuyo rostro expresaba las cosas con tanta claridad.
— Bien. ¡Descansen!
Oyeron la voz aguda de Hou Ran. Ignorando a los soldados que habían sido sacudidos por dragones que eran varias veces más difíciles de manejar que los caballos y que estaban completamente exhaustos por el estricto entrenamiento de su despiadada profesora, la expresión de Hou Ran cambió completamente al empezar a cuidar a los dragones.
Por alguna razón, la expresión de Vileena se puso tensa. Originalmente no había venido aquí para pedirle a Krau que le enseñara a pilotar una aeronave. Vileena no era tímida con los extraños, pero esta era la primera vez que tenía una charla cara a cara con Hou Ran. Era alguien que era difícil de entender. Incluso más que ese príncipe.
¡Ha! Alentando a su corazón que ahora era tímido, Vileena se acercó a donde estaba Hou Ran.
— Señorita Hou.
— Sólo “Ran” está bien.
Ran habló sin darse la vuelta. Les dio a los dragones su alimento, acariciando suavemente el cuello de los Tengos.
Después de que le su entusiasmo, Vileena: 
— Hum, eh... —e inclinando la cabeza, titubeó un poco.
— ¿Qué?
Preguntó ella. A medida que se acercaba, Vileena no pudo evitar tener la impresión de una belleza diferente de la elegancia y el comportamiento refinado que tanto se elogiaba en la Corte. Más que nada, sus ojos que recordaban a un lago claro fueron los que espontáneamente captaron la atención de Vileena.
— Bueno... Tengo algo de lo que quiero hablar contigo.
— Conmigo.
Su voz era monótona, lo que hacía imposible adivinar sus pensamientos más íntimos. De alguna manera, Vileena continuó sin inmutarse,
— Sí. El príncipe y tú son cercanos, o mejor dicho, parece que comparten una relación de confianza.
— El príncipe —repitió Ran en un murmullo y luego asintió con convicción—. Ah, bueno, no sería extraño si eso es lo que parece.
— ¡Espera, espera, espera! —Krau, que había estado escuchando la conversación entre ambas, mitad curiosa mitad nerviosa, no pudo soportarlo más y se entrometió—: Ran, cuida cómo hablas. ¡Esta es la princesa de Garbera! La que se convertirá en la legítima esposa del príncipe. Sé un poco....
— No importa, Krau —Vileena la detuvo—.... Ese príncipe se encuentra ahora mismo en su habitación. ¿Hace a menudo este tipo de cosas? Al fin y al cabo, siempre me irrito con el comportamiento del príncipe, me enojo o lo regaño inmediatamente, pero cada vez el príncipe produce resultados que me dejan estupefacta. Aunque otras personas no puedan verlo, él siempre está pensando en algo. Al mismo tiempo, he llegado a creer que siempre está sufriendo y preocupándose él solo.
— ......
— Pero esta vez... Tengo la sensación de que es diferente de lo habitual. Y aunque es vergonzoso, no lo entiendo. Así que pensé que tú, que eres cercana al príncipe, podrías ser capaz de entender lo que está pasando esta vez.
Durante un corto tiempo, Ran siguió atendiendo a los dragones sin decir palabra. Krau, que estaba mirando, se sintió nerviosa mientras el silencio se prolongaba.
— Ya no es un niño —Ran dijo con la espalda todavía girada—. Si hay cosas que cree que necesita hacer, las hará. Tal vez en este momento, él no cree que haya nada que hacer.
— Pero...
La guerra con Taúlia se resolvió por el momento, se enviaron refuerzos a Garbera; esta vez era con Ende y quizás incluso con su propio país, Mephius, con el que podría haber contiendas. En una situación como la actual, es imposible que no haya nada que hacer.
Tal vez al darse cuenta del significado implícito de Vileena, Ran giró su cabeza - y sólo su cabeza - hacia ella.
— Si crees que es tan extraño, deberías entrar sin invitación y preguntarle directamente.
— ...Si hago eso, entonces seré yo quien haya fallado. Hay muchas maneras de entender a otra persona.
— Si no puedes preguntárselo a la persona en cuestión, será mejor que lo dejes en paz.
Incluso Vileena se sintió un poco enfadada por su forma brusca de hablar.
— ¿En serio piensas así?
— No sé qué quiere decir ella con “en serio”.
— Esta ella [*], ¿a quién te refieres? (* NTI: En el texto original, esta es la primera vez que Hou Ran se dirige directamente a Vileena y lo hace usando "omae", que es normalmente una forma de casual a grosera de decir "tú" a un igual social o a un inferior. En este caso, dadas sus respectivas posiciones sociales, es muy grosero.)
Vileena entrecerró los ojos, finalmente presionó demasiado. Ella había mostrado calma y tolerancia por su forma de hablar, pero no hace falta decir que el título de Tercera Princesa de Garbera no era algo insignificante para ser menospreciado hasta ese punto. Porque no era un problema que sólo le preocupaba a ella.
Ran, por otra parte, sonreía débilmente, y en cuanto al dragón que estaba acariciando con su mano, uno sólo podía preguntarse qué sentía, ya que había estado agachando la cabeza como si estuviera aterrorizado desde hacía algún tiempo.
Justo cuando Krau, que podía sentir la atmósfera explosiva, volvió a contener la respiración con un suspenso nervioso, se acercó una sombra digna.
PARTE 3
— Oh vaya. ¿Interrumpo, me pregunto?
La que apareció era otra chica, Ineli Mephius.
— Su Alteza Imperial.
Vileena no pudo ocultar su sorpresa. En este tipo de lugar, encontrarse con este tipo de oponente era algo que no se esperaba. En cuanto a Ineli, aunque ella había ido allí abiertamente, mostró claramente su incomodidad por estar cerca del polvo y del hedor de los dragones. Cubriéndose la nariz con la mano:
— Hermana mayor, ¿puedo hablar contigo un momento?
Se llevó a la princesa Vileena de las jaulas de dragones a un lugar más privado. Seguramente porque ya había perdido el interés, Hou Ran permitió que el entrenamiento se reanudara en campo abierto.
Una vez que las dos estuvieron solas, Vileena sintió tensión por razones diferentes a las anteriores. Ya sea en la ocasión de la fiesta del Festival de la Fundación de Mephius, o en el momento de la rebelión de Zaat, o por supuesto ahora que las dos estaban solas, era algo parecido.
Parece que le va sorprendentemente bien.
Naturalmente, Vileena no se hacía ilusiones sobre el día en que Ineli aterrizó en Apta o sobre el significado de la sonrisa que le estaba mostrando. Ineli había tenido una hostilidad inconfundible hacia ella. La Ineli que ahora se enfrentaba a ella era completamente igual que antes, pero cuando llegara el momento, no sabía qué tipo de pelea iba a empezar.
Vileena se preparó mentalmente, sin embargo, Ineli dijo algo inesperado.
— Parece que la princesa de Taúlia, Lady Esmena Bazgan, llegará pasado mañana. Con mi hermano en ese estado, no tendrá el ánimo para recibirla adecuadamente. ¿No estás también preocupada por eso, princesa?
— S-sí.
— Por supuesto, no se puede decir que Su Alteza Imperial el Príncipe Heredero ponga una barricada contra Lady Esmena todo el tiempo. Además, tú, hermana mayor, no tienes ningún falso orgullo, así que...
— ¿Así que?
— ¿Confiarías la recepción a Ineli?
Ni por un momento pudo Vileena adivinar las verdaderas intenciones detrás de esta sonriente petición.
Después de eso, Ineli realizó una muestra de trabajo tan vigorosa que parecía difícil imaginar que se había encerrado en Solón.
Como no se podía utilizar el Gran Salón bombardeado, decidió de inmediato que la fiesta se celebraría en el vestíbulo de la planta baja del Cuartel y dio a los artesanos instrucciones sobre las elegantes decoraciones en las que debían empezar a trabajar. Desde el castillo, les pidió que trajeran los muebles que habían quedado intactos: taburetes, mesas, etc., así como pinturas y telas trenzadas; luego, con un impecable sentido del balance, los reordenó.
Escogió el menú para las comidas. Además, fue personalmente a las bodegas y, tras escuchar atentamente la opinión de una persona que conocía las preferencias de los de las regiones occidentales, seleccionó diversas variedades de vino. Como si de repente se le hubiera ocurrido, llamó al segundo al mando de la Guardia Imperial, Shique.
— Me gustaría tener una danza de espadas delante de nuestros invitados de Taúlia. ¿Serías tan amable de elegir a un buen número de espadachines? —le ordenó.
En respuesta a la repentina convocatoria, Shique se había limitado a adoptar una postura respetuosa, pero al hacerlo escudriñó abruptamente su rostro.
— También participarás en la danza de espadas. Será bueno si montas un espectáculo, ya que complacerá a nuestros huéspedes. Te lo dejo a ti.
Era una orden que no dejaba espacio para el desacuerdo. La amante de los combates de espadas, Ineli, había llegado a conocer a Shique en su época de gladiador.
Después de eso, Ineli dio órdenes a los funcionarios y también a la gente del pueblo para que se prepararan para la recepción.
Vileena sólo veía cómo avanzaban los preparativos. Aunque era hábil en el manejo de armas y aeronaves, era extremadamente pobre en asuntos como estos. Por encima de todo, Vileena era mala con cosas como banquetes o fiestas, y no tenía experiencia en cumplir con el deber del anfitrión de dar una cálida bienvenida a todos.
Y así, como ser la única que no tenía nada que hacer en medio de un entorno ajetreado era insoportable para su naturaleza, le preguntó a Ineli si había algo que pudiera hacer para ayudar.
— ¿No prometiste que me confiarías esto? —Preguntó Ineli en voz alta, a lo que añadió una sonrisa demasiado atractiva para su edad.
— Hermana mayor, está bien que estés presente cuando Lady Esmena esté aquí. De todos modos, como la prometida del señor de este castillo, también es posible que ella sospeche si los dos no aparecen juntos. Parece que Esmena Bazgan nunca ha puesto un pie fuera de Taúlia antes. Estoy segura de que le encantaría que le contaras divertidas historias sobre Garbera.
— ¿Historias divertidas?
Después de lo cual, en su habitación, Vileena se encontró en un aprieto, con la cabeza llena de preocupaciones sobre estos temas. La princesa nunca había considerado si ella misma tenía o no sentido del humor. Theresia no podía simplemente mirar y permanecer indiferente.
— Princesa. Una “historia divertida” no tiene por qué ser una historia en la que uno se mantiene a su lado con risas. Está bien si hablas de cosas perfectamente normales. Después de todo, deberían poder disfrutar de una conversación que es simplemente sobre culturas y modales extranjeros.
Sin embargo, incluso con este consejo, Vileena era incapaz de hacer las cosas negligentemente y una vez que se había convencido de que algo había que hacer de cierta manera, no iba a cambiar fácilmente esa creencia. Con tantas cosas desconocidas a su alrededor, Theresia estaba preocupada de que en cualquier momento pudiera tener una erupción de madurez mental tan intensa que podría desarrollar fiebre y colapsar.
Y así, el tiempo pasó en un abrir y cerrar de ojos hasta que muy poco quedó antes de la llegada de Esmena.
Durante este tiempo, el príncipe Gil Mephius nunca salió de su habitación, y mientras Shique y los otros Guardias Imperiales estaban preocupados por ello, sólo podían practicar la danza de espadas tal y como les ordenó Ineli.
En medio de toda esta confusión, Oubary Bilan era el único cuya actitud era indiferente. Cuando un enemigo no amenazaba con atravesar la frontera, sino que era bien recibido, había otro pequeño detalle que un hombre que, como él, que dependía de las artes militares podía hacer. Desde la mañana se dedicaba a la bebida.
Cada vez que Oubary se emborrachaba, los subordinados que estaban presentes pensaban que era extraño cómo se acariciaba la herida en la mejilla, diciendo “duele”.
Aparte del príncipe imperial, había otra cosa que Oubary no podía soportar. Los refuerzos para Garbera.
La primera vez que Oubary se enteró de que el príncipe los estaba organizando, tenía dudas al respecto. Todavía tenía un afecto persistente por Garbera. Como Noue Salzantes lo valoraba más que su tierra natal Mephius, en un principio había pedido su ayuda para hacer uso del plan de Zaat. Pero ahora que el plan para Solón había fracasado y que él mismo había sido enviado como refuerzo, sentía que esta vez le gustaría ser el que le ofreciera un favor a Noue y le impusiera una deuda.
Sin embargo, sabía muy bien que su país no tenía intención de enviar refuerzos a Garbera. Debido a que había incurrido en el disgusto del emperador al desaparecer en el momento de la rebelión de Zaat, el hecho es que quería evitar seguir provocando la ira de Guhl Mephius.
Así, Oubary, en conflicto debido a este dilema, se irritó por su actual situación de tener tiempo libre entre sus manos.
— ¡No soy la clase de hombre que está hecho para terminar como un mero general!
Mientras Oubary repetía eso mientras se acariciaba la herida en la mejilla, los soldados de la División Blindada Negra que le hacían compañía se sentían profundamente incómodos.
Mientras se realizaban los preparativos en Apta, Esmena Bazgan había cruzado la frontera tan pronto como todo estuvo listo. Como era la primera vez que viajaba en una nave, admiraba cada parte del paisaje y sus ojos brillaban como los de una niña.
— Las aeronaves están hechas de fósiles de dragones, ¿no?
— Sí. El armazón está hecho con metal refinado de fósiles. Las espinas dorsales de las embarcaciones marítimas se llaman “quillas”, que están escritas con los caracteres de “dragón” y “esqueleto”, pero estos aquí son literalmente huesos de dragón. 
— Entonces, el hecho de que pueda volar, ¿es porque el poder de los dragones aún habita en sus huesos que se han convertido en fósiles?
— Ah, no —el capitán de la nave, a quien se le había asignado el papel de dar explicaciones, hizo un gesto con la mano para enfatizar—. Que pueda volar en el cielo es porque repele el campo magnético de la tierra gracias al éter. El metal obtenido de la refinación de los huesos de dragón se llama dragonstone y es muy ligero, lo que lo hace extremadamente conveniente para su uso en naves o aeronaves más grandes.
A bordo de la nave, Esmena miró por aquí, por allá y por todas partes, acercándose a cualquiera sin preocuparse, y les preguntaba cada detalle sobre cada cosa nueva, uno por uno. Ni una sola de las personas que se ocupaban de ella tenía una expresión de preocupación. Se rumoreaba que la princesa estaba plagada de pesadillas extrañas. Fue conmovedor ver que en su rostro demacrado, que siempre llevaba un aire de aflicción, sus ojos brillaban ahora con curiosidad y vivacidad.
Sin embargo, la distancia entre Taúlia y Apta cuando se viajaba en un crucero aéreo de tamaño mediano no era más de medio día de viaje. Antes de que la curiosidad de Esmena por el cielo pudiera ser satisfecha, las aeronaves que les daban la bienvenida a Apta aparecieron para guiarlos.
Cuando Esmena Bazgan se bajó en el puerto de aterrizaje, un gran número de personas se reunieron en el espacio abierto debajo de ella. Se levantaron estandartes para dar la bienvenida y mientras la gente de Apta agitaba las manos, Esmena devolvió el saludo con un tímido movimiento de mano.
Las mujeres de Taúlia exponían su piel lo menos posible. Desde la cabeza, estaba cubierta con una bufanda y el largo manto de la tela envuelto alrededor de todo su cuerpo se arrastraba mientras caminaba. Muchos de los mephianos pensaban que su figura era exótica y en algunos lugares se escuchaban suspiros de admiración por parte de la multitud. Aunque durante muchos años habían sido enemigos encarnizados -históricamente, Apta en particular había sufrido muchos ataques de Taúlia-, en esta ocasión la invitada era una joven que ayudó a calmar el sentimiento nacional.
Sintiéndose nerviosa al ser observada como si estuviera a punto de ser devorada, Esmena no olvidó observar fugazmente las calles de la ciudad castillo. Todo sobre lo que sus ojos se posaban ahora era nuevo y deslumbrante. Aunque no estaba separada de Taúlia por una gran distancia, cuando pensaba en un país extranjero, sentía que incluso el cielo azul añil al atardecer se veía diferente al de su tierra natal.
— Aunque había escuchado que la gente de Mephius, todos ellos, eran forzados a vivir como esclavos del emperador, todos aquí parecen ser felices.
— Princesa —junto a ella Natokk, el oficial que servía de escolta, fue sacudido por un violento ataque de tos—. Por favor, no diga algo así delante de los nobles mephianos.
— No estoy equivocada. Nadie me enseñó la verdad.
Debido a que Esmena, de diecinueve años de edad, era sofisticada en algunos aspectos, su sonrisa se veía despejada. Los soldados taúlianos atribuyeron sus mejillas sonrojadas y sus ojos nublados a su excitación por estar en un país extranjero por primera vez, pero esa no era la única razón.
Naturalmente, el príncipe imperial Gil Mephius estaba en Apta. Por alguna razón, cuando pensaba en ese joven, Esmena no podía calmarse. El latido de su corazón se aceleraba, y una vez que aparecía en su mente, su figura no desaparecía fácilmente de ella. Aunque sólo lo había visto una vez en persona, esa figura le había venido a la mente tantas veces después de acostarse y le había impedido dormir.
Los pasos de Esmena eran ligeros a medida que avanzaba por el camino y su corazón se alegraba.
— Debe estar cansada después de su largo viaje, Lady Esmena. Nosotros, los súbditos del emperador Guhl Mephius, les damos la bienvenida a todos.
No fue el príncipe heredero quien se inclinó ante ellos en la entrada del salón, sino una muchacha a la que Esmena veía por primera vez. Fue presentada como la princesa de Mephius, Ineli Mephius, y Esmena le devolvió el saludo apresuradamente. Mientras Ineli guiaba a los invitados al salón, dijo:
— No, no, no, no, no, no: Le agradecemos las molestias que tuvo que soportar al venir aquí, pero mi hermano y el señor de Apta, Gil Mephius, no se siente bien y está ahora en cama.
— Oh, Dios mío —la tez de Esmena se veía nublada por el pesar—. ¿Es bastante malo?
— La enfermedad no es algo muy grave. Sólo le preocupa transmitirla a nuestros invitados. El mensaje de Gil Mephius para usted es que aunque él no esté presente, Princesa, por favor, diviértase en su tiempo libre—. El tono de Ineli nunca vaciló—. Si por buena suerte se siente mejor mañana, le hará una visita para saludarla adecuadamente, princesa.
Después de eso, Esmena fue invitada a un banquete que se celebró en el salón hasta que se agotó por completo. La comida y la bebida preparadas apresuradamente eran ideales, y los militares de Taúlia, empezando por Natokk, se asombraron de la danza de espadas realizada por Shique y sus compañeros. Después de todo, aunque se les llamase Guardias Imperiales, eran antiguos gladiadores. Debido a que tenían una gran experiencia en participar en espectáculos dentro de la arena, cruzaron espadas con una sincronización tan espléndida que parecía increíble que sólo hubieran entrenado para ello durante uno o dos días.
Esmena observaba con miedo y curiosidad, mientras la compañía de hombres blandían espadas al ritmo de un tambor, Ineli le sonrió,
— Como esto es lo mejor que podemos hacer en esta fortaleza fronteriza, debe pensar más que nunca que los habitantes de Mephius no somos refinados. Que esta sea toda la hospitalidad que podemos ofrecer a una princesa de Taúlia me avergüenza.
— En absoluto. No puedo agradecerles lo suficiente por la maravilla que nos han dado, no hay nada de lo que avergonzarse. En cuanto a mí, es la primera vez que estoy en suelo mephiano y es tan agradable que siento que me voy a dejar llevar por todo este júbilo, así que si en mi ignorancia hago algo para ofenderlos, por favor, no me lo reprochen.
Aunque al principio Esmena se había arrepentido de la ausencia del príncipe, pronto empezó a divertirse charlando con Ineli. La princesa mephiana tenía una gran cantidad de temas de conversación y conocía las antiguas costumbres e historia de Taúlia. Cuando hablaron de lo que les gustaba a los dos, ella dio los nombres de todos los poetas famosos de las diversas provincias tauranas y luego ella y Esmena recitaron versos que habían memorizado. Sentada con ellos estaba Vileena Owell, que después de saludarla había permanecido casi totalmente en silencio.
— Hermana mayor, ¿cuáles conoces?
Aunque Ineli de repente le preguntó eso, la princesa apenas conocía a los poetas de su país natal, Garbera. “Er.” Sólo podía bajar los ojos, sintiéndose extremadamente agobiada por su falta de cultura.
Queriendo tener en cuenta a Vileena, Esmena sonrió y sacó a relucir un nuevo tema de conversación,
— También me gustaría mucho oír hablar de Garbera.
Por supuesto, ella tenía sentimientos encontrados hacia la chica que se convertiría en la esposa legal de Gil. Sin embargo, como Esmena no era tan tonta como para dejar que esas emociones se manifestaran, ni siquiera su rival Vileena tenía margen para comprenderlas.
Con una mirada nerviosa, Vileena sacó a relucir las "historias interesantes" que había preparado para la ocasión. Como la princesa de catorce años no estaba acostumbrada a divertirse, tampoco estaba acostumbrada al arte de contar historias, y aunque podría haber sido encantador, ya que estaba muy incómoda, era doloroso para los espectadores. Sobre todo, mientras contaba sus historias tal y como las había preparado, su nerviosismo se transmitía a los que la rodeaban, lo que era un problema mayor que la cuestión de tener sentido del humor.
Desde el momento en que sintió la atmósfera a su alrededor, cerró la boca y apenas la volvió a abrir.
Por el lado de Ineli y Esmena, cuanto más tiempo pasaban juntas, más se acercaban.
— Mañana, si hace buen tiempo, ¿qué tal si bajamos por el río Yunos? Por supuesto, yo también iré contigo.
— Sí, lo espero con ansias.
Aunque no había una delimitación clara, el río Yunos siempre había servido como frontera entre Mephius y Taúlia. Que las dos princesas se divirtieran juntas viajando en el mismo barco era sin duda significativo, es decir, que Esmena aceptara alegremente la oferta implícita de Ineli. Para Esmena, que tenía pocos amigos de su edad, esto también sería una experiencia nueva.
Finalmente, se hizo tarde y Esmena fue guiada al salón de invitados. Al despedirlos con una pequeña reverencia, Ineli se dio cuenta de la mirada de Vileena a su espalda. En cuanto a ella, ésta fue su mayor victoria. No había duda de que había logrado lo que la princesa Garberana no pudo. No sólo eso, sino que era muy significativo que una princesa de Mephius, que a menudo era denigrada como ordinaria y rústica, hubiera triunfado en esta esfera sobre una princesa de Garbera, el país de los caballeros que se conocía por su refinada cultura.
Vileena estaría ciertamente angustiada por su impotencia, pensó Ineli mientras se daba la vuelta con petulancia.
Y se sorprendió al encontrar a Vileena más cerca de lo que esperaba.
— Estaba impresionada.
— ¿Eh?
— Hay muchos tipos de dificultades. Para mí habría sido imposible entretener a lady Esmena sin que dudara de mí. Me salvé gracias a la presencia de Lady Ineli.
— Es, es eso tan...
Aunque Ineli estaba extrañamente sorprendida, la princesa de Garbera asintió con la cabeza unas cuantas veces. La cogió de la mano,
— Uniendo fuerzas, podemos superar esta dificultad.
En verdad, Vileena quedó profundamente impresionada. Ineli se sintió un poco avergonzada por haber escogido una pelea y se puso en guardia esta vez.
— ¿Eh? Er, por supuesto.
Frente a ella, Ineli apenas podía mantener una sonrisa.
¿Qué es esto?
En su corazón, por supuesto, estaba asombrada, y también disgustada. Vilena debería haber comprendido desde hace tiempo que había intentado humillarla en el momento del baile del Festival de la Fundación. Habían intercambiado miradas hostiles. Que fueron exactamente como comandantes militares que tomaban nota de cada uno mientras cruzaban espadas había disparado su determinación.
Hmph,
Ineli sintió internamente un nuevo desprecio. Esto se debía a que mentalmente una vez más llevaba una sensación oculta de superioridad hacia Vileena.
Es porque crees que los refuerzos llegarán a Garbera que puedes lucir tan despreocupada.
En otras palabras, ni Gil ni la princesa sabían todavía que enviar refuerzos al país natal de la princesa equivalía a desafiar al emperador. Con toda probabilidad, a los refuerzos enviados especialmente se les impediría viajar. Una vez que se enteraran de que Ineli no había revelado a propósito el mensaje del emperador a su hermano, ella observaría cómo, ante sus propios ojos, saboreaban la desesperación y el conocimiento de que sus esfuerzos habían sido en vano.
Francamente, qué ridícula ingenuidad. Aunque seas buena manejando una nave, no sabes nada de una batalla entre mujeres.
Su sentimiento de satisfacción por su victoria se había enfriado un poco, pero al menos por ahora había recuperado su sentido de autoestima. Después de esto será....,
— Mi hermano, ¿verdad?
Ineli murmuró sigilosamente en voz baja.




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1 comentario:

  1. Muchísimas gracias por el capítulo n_n estuvo muy sorprendente pobre Orba si no lo molestan de un lado lo molestan del otro T-T

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