Violet Evergarden Gaiden - Capítulo 6

LA COMPAÑÍA POSTAL Y LA AUTO-MEMORIES DOLL 



Los tiempos actuales estaban etiquetados como la era de la invasión de los negocios postales. 

Dentro de un continente que congregaba a países pequeños, las personas que operaban en la industria postal competían despiadadamente entre sí. En pocas palabras, la situación de las empresas postales en todo el continente era de robarse los clientes entre ellos. 

Los clientes elegían su agencia de correos habitual y solicitaban las entregas ellos mismos. Las razones de las elecciones serían los honorarios, las zonas de entrega y, por supuesto, incluso el grado de cortesía de los carteros era objeto de deliberación. Teniendo en cuenta todo eso, elegían una agencia de correos de alguna parte. 

En la actualidad, como la estructura de gestión de las empresas postales se estaba dedicando a llevar el negocio secundario de las amanuenses " Auto-Memories Dolls" en lugar de entregar únicamente los envíos por correo, otros no podían establecerse en el mercado si su trabajo se inclinaba hacia este último. Cuanto más aumentaba la competencia, más evidentes se hacían las diferencias en los servicios y, a medida que se hacían evidentes los superiores e inferiores, el lado perdedor cerraba inevitablemente su empresa. 

Dentro de tan dura rivalidad, en cierto país llamado Leidenschaftlich, situado en la costa sur del continente, había una agencia postal llamada Servicio Postal CH que había hecho prosperar su nombre en toda la industria. Aunque se trataba de una empresa de reciente fundación y que sólo habían transcurrido unos pocos años desde su fundación, su reputación era excepcional. El grado de satisfacción de los clientes era alto, y había abundancia de usuarios recurrentes. 


En general, había dos motivos detrás de sus buenos resultados. 

El primero era que el Servicio Postal de CH no tenía restricciones en sus áreas de entrega. Si un cliente lo deseaba, podía hacer entregas en cualquier parte del mundo. Por supuesto, se imponían tarifas para lugares remotos, pero ese fue el primer intento en la industria de lograr tal hazaña. Incluso las agencias postales existentes que se disputaban una posición de liderazgo en la industria habían determinado áreas de entrega. El Servicio Postal CH entregaba incluso en regiones de conflicto, siendo por lo tanto una gran ayuda para los clientes cuyos familiares o parejas se encontraban en los campos de batalla. El aumento del número de sus clientes era algo lógico. Sin embargo, tener éxito en hacer algo así como si fuera extremadamente natural era terriblemente difícil para las empresas ordinarias. El Servicio Postal CH estaba en condiciones de ir a cualquier parte por un cliente, ya que había reunido el personal y el sistema capaz de hacerlo posible - por lo tanto, logró hacerlo. 

La segunda razón era que existía una estrella en el Servicio Postal CH, que apareció en el negocio de las Auto-Memories Doll como un cometa. Verla caminar por la ciudad provocaba que la gente se fijara dos veces en su aspecto, y al oír su voz se les pintan las mejillas de rojo por la fascinación. Era una belleza perfecta que parecía haber salido de una leyenda mitológica. Últimamente, una obra que el famoso dramaturgo Oscar escribió usando su imagen fue anunciada y ganó popularidad, haciéndola renombrada incluso fuera de la industria debido a su afinidad. 

La gente probablemente se imaginó qué tipo de mujer era. La mayoría de las veces, sus expectativas fueron traicionadas de buena manera. Era una mujer que superaba los componentes categóricos de la imaginación. 

Su nombre es Violet Evergarden. 

El mayor lugar de comercio del continente es un puerto que sirve como puerta de entrada y salida al mar. Es un interés nacional de Leidenschaftlich, así como un detonante para las guerras. Otros innumerables países habían intentado invadirla, buscando sus abundantes recursos y una ubicación privilegiada. 

Aunque la ciudad se encuentra bien financieramente gracias a la prosperidad de su economía, en algunos lugares aún quedan cicatrices de viejas batallas. Los símbolos del largo servicio militar del pasado no se habían grabado únicamente en los muros de protección o en los caminos pavimentados de piedra. Podría decirse que la fuente construida en la capital Leiden durante la celebración del centenario de Leidenschaftlich era su símbolo más conocido. 

Consistente en un total de nueve estatuas de la diosa que sostenían jarrones de agua en sus hombros, funcionaba de tal manera que el agua subterránea las vertía. A pesar de ser una gema hecha por un artista nacional, a las diosas se les cortó el cuello. Permaneció sin arreglar, para que nadie olvidara la vergüenza de Leidenschaftlich al autorizar la invasión de la ciudad castillo de otro país. 

A pesar de ser una gran nación comercial, era un estado militar. Había soldados armados en medio de los animados paisajes urbanos incluso en tiempos de paz. 

Los miembros de la Compañía Postal CH tenían como hogar ese país. 

—Oh, ¿qué están haciendo? 

—Vaya. 

—Ha pasado un tiempo. 

Bajo un hermoso cielo otoñal, un grupo que rara vez se reunía se juntó frente a la fuente de las diosas sin cabeza. Eran dos mujeres y un hombre. 

—Si no son Cattleya y V. ¿Acaso salieron a recibir al gran yo, incapaces de esperar mi regreso? 

Dejando su moto estacionada al lado del camino y comiendo pollo a la parrilla, estaba un cartero vestido con una camisa verde. Sus delgadas botas con tacones en forma de cruz le daban un atractivo sexual retorcido. Escondido detrás de su pelo rubio arenoso, sus ojos azul claro eran provocativos. Sus rasgos faciales suaves y poco masculinos no eran gentiles. Es Benedict Blue, que trabaja en la Compañía Postal CH. 

—¿Qué estás diciendo? Voy a preguntar de nuevo: ¿qué estás diciendo? ¡N-No hay manera de que venga a recogerte! Sólo salí de compras como un recado para mi amado Presidente. Violet, di algo también. A este hombre de zapatos de plataforma. Nadie te llamó. 

La que hablaba como si quisiera suavizar las cosas con una voz malhumorada es una bella mujer de cabello oscuro elegantemente ondulado. Tenía ojos de amatista y forma de reloj de arena. Rebosante de suficiente sensualidad para esclavizar al sexo opuesto, su cuerpo estaba envuelto en un abrigo de carmín con una cinta en la cintura, pero estaba a punto de estallar. Se trata de Cattleya Baudelaire, que también trabaja en la Compañía Postal CH. 

—Ustedes dos, están haciendo mucho ruido en la calle. 

Reprochando al dúo con una voz de campanas de plata está una chica hermosa y elegantemente vestida como una muñeca de porcelana. Esta persona lleva una diadema de encaje bordado en el pelo, que se extiende en ondas, y lleva un vestido de una sola pieza con mucho encaje cosido, junto con una gabardina de chifón. 

—V. 

—Violet. 

Es Violet Evergarden, la mejor Auto-Memories Doll de la compañía postal CH, cuyos ojos azules cautivan a quienes los miran, así como el broche verde esmeralda que lleva en el pecho. 

Benedict y Cattleya se giraron hacia Violet, cambiando el destinatario de sus impresiones al unísono. 

—¿Qué te pasa? 

—En serio, Violet, estás muy entusiasmada. ¿Te sueltas el pelo? ¿Vas a tener una cita? 

Presionada por los dos, la Auto-Memories Doll de la que se enorgullecía la Compañía Postal CH, Violet Evergarden, dirigió su mirada al suelo. 

—Lady Tiffany... alguien de mi casa arregló todo, pero ¿es tan extraño? —Su voz sonaba ligeramente avergonzada. 

Cattleya observó a Violet con una mirada gentil. 

—No es extraño. Eres lo suficientemente guapa como para no perder ante mí. ¿Vas a ver al Mayor? 

—Sí. Todavía es temprano para la hora de la reunión, así que iba a comprar un libro para llevarlo. 

—Eso es genial, lo estás esperando con ansias, ¡eh! Oye, ella no se ve rara, ¿verdad, Benedict? —Cattleya se regocijó sin limitaciones. 

—Tch —Benedict chasqueó su lengua. 

Realmente había pasado mucho tiempo desde la última vez que los tres se reunieron. Eso es natural. En la Compañía Postal CH, todos trabajan intensamente todos los días. Había ocasiones esporádicas en las que se juntaban para trabajar, pero sólo cuando lograban coordinar milagrosamente sus horarios. Eran compañeros que habían sido contratados por su presidente más o menos al mismo tiempo, por así decirlo. 

Benedict tiró los huesos de la carne que acababa de comer en el camino, mirando a la cara de Violet mientras lamía el aceite que quedaba en su mano. 

—Hu~n, bueno, ¿no está bien? Buen trabajo. 

Aunque sus rostros estaban cerca, Violet lo miraba con sus enormes orbes sin inclinarse hacia atrás. 

Benedict le puso la punta de un dedo en la frente, entre un gran ojo y otro. 

—Pero el que te va a acompañar tengo que ser yo. Como tu hermano mayor, no puedo aceptar que mi hermana menor sea devorada por un anciano. Yo soy mejor. Porque soy joven y genial. 

Podría decirse que alguien que tenía el valor de decir algo tan imponente era un tipo bastante raro incluso entre la humanidad. 

Con un aspecto de irritación, Cattleya intervino, 

—Alguien más te va a decir esto, pero el Señor Gilbert es súper maravilloso, es un hombre adulto y sé que Violet está loca por él, ¡así que tú eres el que está fuera de lugar! 

—¿Qué significa 'loca por él'? —Violet reaccionó inmediatamente al término que no estaba acostumbrada a oír. 

—Es como estar obsesionada. ¿No dijiste que el mayor era el único para ti? 

—Dije eso, en efecto —Su ceño fruncido como si estuviera preocupada, sus ojos azules ligeramente húmedos. Probablemente estaba "avergonzada". Tal vez al ser incapaz de decir nada más, Violet terminó volteando su cara. 

El sentimiento de afecto por esa chica extraña, la envidia por su felicidad y las complicadas emociones de que un hombre les quitara una amiga viajaron por las mentes de Benedict y Cattleya. Por lo tanto, para descartarlo todo, los dos decidieron silenciosamente apretar los puños, empujando y pateando a Violet a izquierda y derecha. 

—Mierda. No vayas y actúes toda linda. Sólo eres unq maníaca del campo de batalla. 

—Realmente, me molesta. ¡Eres tan fuerte como un oso! Pero eres adorable. 

Tal vez no sintiendo ningún dolor, o tal vez tratando de averiguar cómo hacer frente a tal situación, ella renunció en silencio y aceptó la violencia injustificada. Visto desde la barrera, parecía algo cercano a la intimidación, pero Violet era en realidad la que tenía mayor capacidad de combate entre ellos. Cuando la fuerza física de los tres se unía, ese tipo de cosas no era más que un juego. 

—Escucha, no dejes que te toque imprudentemente, ¿de acuerdo? Esto es asombroso. Eres como un perro de peluche. Cattleya, intenta tocarla también. 

—¡Oye, tampoco la toques imprudentemente con esas manos! ¡Incluso la insolencia de poner jugo de carne en el pelo de una doncella tiene un límite! ¡Basta! 

—Está bien, ¿no? No es como si acabara de salir del baño. 

—Eh, ¿eso significa... que nunca te lavas las manos? ¿Verdad? Eso es lo que es, ¿verdad? ¡No puede seeeer! Violet, oye, ven aquí. ¡Benedict, no te acerques a nosotras! ¡Es mi territorio después de este punto! ¡Te daré una paliza por violar el territorio si te acercas! 

Mientras Cattleya balanceaba sus piernas, envueltas en botas de Suède, para dibujar una línea en el suelo, Benedict se opuso en un nivel tan bajo como el de la siguiente persona, sin perder ante ella. Cogió una rama muerta de la raíz de un árbol de la carretera e hizo lo mismo que ella. 

—¿Haah? ¡Entonces haré que todo lo que esté más allá de este punto se convierta en mi territorio! Hablando de eso, el camino a la oficina central de tu querido presidente está detrás de mí, ¡así que no vuelvas a él tampoco!" 

—¡Ah, eso es injusto! ¡No. Es. Justo! 

—No es injusto ¡Tú fuiste a la primera que se le ocurrió! 

Era una acción infantil que los miembros de la sociedad debían asumir. Violet, la más joven, los miraba con interés como si estuviera viendo una disputa entre animales de una nueva especie. 

Fue un corto período de paz antes de que se produjera un revuelo. 





En el mismo momento, en el mismo país, en la misma ciudad, el tiempo fluía pacíficamente dentro de la sede de la Compañía Postal CH, nadie se daba cuenta de la pesadilla que se les vendría encima unos minutos después. 

La empresa se construyó en un callejón alejado de la calle principal, proyectándose en el sentido mismo de la palabra sobre filas de pequeñas tiendas. Consistía en una torre con un techo verde claro en forma de cúpula y una veleta expuesta, un techo verde intenso que se extendía hasta rodear dicha torre y paredes exteriores de ladrillos rojos quemados por el sol en un color de buen gusto. La placa de hierro de la puerta delantera en forma de arco daba a conocer el nombre de la empresa con letras impresas en oro. 

Si se abría la puerta, una campana de sonido alegre anunciaba la llegada de un cliente. Al entrar, se encontraba el mostrador, que era el sector donde se recibían los envíos postales. El edificio tenía tres pisos, el primero era el mostrador de recepción, el segundo era la oficina y la torre del tercero era la residencia del presidente. 

No importaba lo lejos que estuviera de la calle principal, el edificio era bastante caro. Su propietario - un individuo al que los miembros de la Compañía Postal CH llamaban "Presidente" y "Viejo" - bebía té negro con brandy en un balcón que tenía una vista panorámica ininterrumpida de la ciudad. 

—Soy tan brillante que da miedo. 

Era un donjuán lo suficientemente guapo como para mostrar un comportamiento indulgente. Su edad era alrededor de los treinta. Sus ojos eran azules grisáceos y hundidos, su cabello rojo era ligeramente largo, su constitución varonil, y aunque no era joven, tenía rasgos faciales delicados que irradiaban una simplicidad sofisticada. Su apariencia se ganaba la envidia y los celos de otros hombres de la misma generación que él. Sus botas de cuero brillaban lustrosamente sin una sola mancha, pulidas quizás debido a la obsesión. 

—¡Presidente Hodgins! 

La que gritó en la habitación era una chica de rasgos inocentes. Tenía el pelo aterciopelado y uniformemente cortado de color gris lavanda que se detenía sobre sus hombros. Tenía ojos grandes, una cabeza pequeña y un cuerpo pequeño. Era todavía el físico de una niña, pero los orbes heterocromáticos de detrás de las gafas que usaba, provocaban una sospecha asombrosa que era incluso misteriosa. Era una persona a la que la palabra "encantadora" le quedaba perfectamente. 

—¡Por favor, dígalo cuando haya terminado de trabajar! 

Sin embargo, su conducta tenía presencia de la secretaria de un presidente egocéntrico. 

Hodgins respondió suavemente, 

—Pequeña Lux, lo que necesito ahora no son brutales horas de trabajo sino tiempo de relajación sintiendo el dulce aire de otoño y bebiendo té. 

—Aunque lo diga con una voz bonita, suena como si no fuera más que una fuga de la realidad. Por favor, si al menos ponga los sellos, ¡le traeré todas las tazas de té que quiera! ¡Mañana es la fecha límite! ¡Tenemos que recoger la mayoría de los papeles hoy y entregarlos a las partes interesadas en muchos lugares mañana! ¡Otra vez son las Cartas Voladoras! 

—Ya eres mi Miss Secretaria hasta la médula. Estoy tan feliz. Parecías un conejito asustado cuando llegaste aquí, pero ¿no eres una buena trabajadora ahora? Este sentimiento de que fui yo quien te crió es excepcional, ¿eh? 

—¡Presidente Hodgins! ¡Por favor! ¡Tome el sello! Si lo sujeta, puedo moverlo para sellarlo... También le leeré los documentos... 

—Entonces, Pequeña Lux, ¿no hace ninguna diferencia si eres tú quien hace el sello? 

—¡Lo haría si pudiera! Todo lo que queda son las cosas que exigen la confirmación del presidente, ¡así que continúe con ello! 

—Ese tono de orden con lenguaje formal que viene de una adolescente me está dando escalofríos insoportables... Hm, Pequeña Lux, oye. No te ves mal con una camisa y una falda larga acampanada, pero ¿por qué no intentas cambiarte de ropa? Creo que te recomendaría un vestido con delantal negro sobre una camisa de mangas abullonadas, medias negras y zapatos de esmalte rojo. 

—¡Por favor, escuche lo que digo! —La figura que una vez fue adorada como semidiosa en la sede de una organización religiosa estaba ausente en Lux Sibyl - lo que había en cambio era la figura de una subordinada medio llorosa tratando de convencer a su vano superior. 

Lux había estado trabajando seria e incansablemente desde que fue traída por Violet y contratada en la Compañía Postal CH. Quizás habiendo incorporado una personalidad metódica, se le confió incluso el cargo de secretaria del presidente, pero siempre le resultó difícil con dicho presidente despreocupado. 

La capacidad que el hombre llamado Hodgins tenía para los negocios era incuestionable, pero sus principios de auto-amortización eran extremos y no dejaba de hacer tonterías incluso cuando tenía montones de trabajo que hacer. Mantener su día a día bajo control era el papel de Lux. En tiempos aún peores, ella tenía que buscarlo y sacarlo de los burdeles en los barrios de prostíbulos. 

—Si no pone los sellos, el que morirá no será usted, Presidente, sino yo misma. 

Lux estaba cansada de eso. 

—No puede ser. Pondré los sellos. Los pondré, los pondré. No pongas esa cara de depresión. Pequeña Lux, eres demasiado pesimista. Además, te tomas todo demasiado literalmente. Te dije que el ochenta por ciento de las cosas que digo son al azar, ¿verdad? Tranquilízate más. Disfrutemos de todo. Incluso las cosas problemáticas. 

—Presidente... parece que diría esto aunque tuviera un agujero en el estómago... estoy celosa. 

—Gracias. Soy del tipo que crece a través de los cumplidos. 

Ella había querido transmitir algo que no era un cumplido, pero no se convirtió en palabras ya que a Lux le acabó robando la atención otra cosa. Los dorados y rojos ojos heterocromáticos de Lux captaron una cosa extraña en los cielos contra el hermoso paisaje urbano que se veía desde el balcón. 

—Presidente Hodgins... Por allí, algo está... 

Al mismo tiempo que hablaba, Hodgins arrastró con fuerza el cuerpo de Lux, la sostuvo y saltó al final de la habitación. Lux fue apretada fuertemente contra el pecho de Hodgins, no se le permitió ni siquiera gritar o levantar la voz en la confusión. 

Unos segundos después, se produjo el sonido de una explosión. 

—¿No escuchan algún tipo de ruido? —La voz uniforme de Violet se interpuso entre Benedict y Cattleya, que estaban teniendo una pelea. Sus orbes azules miraban al cielo, viendo un objeto negro que pasó en un instante. 

Y golpeó uno de los elegantes edificios del paisaje urbano de Leiden. 

—¡La oficina central está siendo atacada! —Tan pronto como lo dijo, Violet salió corriendo del lugar. 

Se deslizó a través de la gente que estaba de pie con la boca abierta, su atención se desvió por el sonido de la explosión que había reverberado a través de la idílica tarde. 

—¡No puede ser, no puede ser! ¡¿Eeh?! ¿¡Qué pasa con el Presidente!? 

—Sube, idiota. 

Benedict se subió a su motocicleta rápidamente. Después de susurrar en voz baja, colocó una mano alrededor de la espalda de Cattleya, la levantó fácilmente, la puso sobre sus rodillas y al mismo tiempo encendió el motor, arrancando. 

—¡Espe-! ¡Hacer eso de repente da miedo! ¡Es aterrador! —Cattleya gritó, aferrándose al cuello de Benedict. 

—¡Muévanse! ¡Muévanse! ¡Están en el camino! 

Una joven que vendía ramos de flores con un carrito de comida móvil cayó en el lugar, el caballo de su carruaje soltó un relincho. Ignorando la situación del tráfico en la calle, Benedict persiguió desenfrenadamente a Violet. Poco a poco se acercó a su figura, que ya se había convertido en el tamaño de un grano de frijol. 

Benedict extendió su mano. 

—¡V! 

Violet había estado corriendo a una velocidad asombrosa, pero al oír la voz de Benedict, se subió a su motocicleta. Los dos, que se comprendían mutuamente sin la invitación de "subirse", intercambiaron palabras sin prestar atención a la escandalizada Cattleya. 

—Ese sonido era de artillería al estilo Leidenschaftlich. 

—¿Viste la posición de disparo de la bala de cañón? 

—No hay duda de que vino volando desde el lado oeste de la ciudad. Mira, el humo está saliendo del tercer piso de la oficina central. Si suponemos que fue disparado desde un lugar igual de alto, podemos reducir la ubicación, ¿verdad? 

—Golpeó el apartamento del viejo, así que hay demasiados sospechosos. 

—¿Cómo pueden estar tan tranquilos? ¡El Presidente podría estar muerto! 

Cattleya miró con odio a Benedict y Violet, sin embargo, las expresiones de ambos eran diferentes a las de los tiempos normales. Se calmó rápidamente y sin pensarlo. 

—Es imposible que no nos preocupemos, ¿verdad...? —Benedict habló también por Violet. 

La motocicleta que los tres montaban dejó escapar un rugido mientras subían la pendiente. 

Atrapado bajo una estantería, Hodgins se encontraba a horcajadas con sus manos alrededor de Lux para no aplastarla. Lux lo miró, boquiabierta. 

—Pequeña Lux, puedes... puedes tomarlo con calma, pero escabúllete por debajo de mí. 

Los cristales de las ventanas se habían roto y esparcido por todo el lugar. El escritorio del presidente, que era un escritorio hecho por encargo diseñado por un maestro artesano, se había hecho añicos. La alfombra se había convertido en brasas y la habitación empezaba a arder en llamas. 

—Presidente Hodgins... ¡Lo siento! —Lux salió arrastrándose, intentando de alguna manera levantar el estante con sus brazos impotentes. Sin embargo, ni siquiera se movió. 

—Estoy bien, estoy bien. Últimamente no he hecho flexiones así que esto me está afectando... Tira. 

En el momento en que puso fuerzas y levantó la estantería de una sola vez, rodó y escapó de ser aplastado. Tenía una considerable fuerza muscular. 

Hodgins se levantó y miró alrededor de la habitación. La mirada en sus ojos ya no era la de un presidente holgazán. 

—Lo siento, ¿estás bien? —Sólo la suavidad de su voz era la misma de siempre. 

—¿Por qué se disculpa, Presidente? 

—Porque este fue un ataque dirigido a mí, no importa cómo lo pienses. Si algo te pasara, no tendría ninguna excusa que dar a tus padres. 

—No tengo padres. 

—Así es. Entonces, no tendría ninguna excusa que darte. Ahora, tenemos que comprobar si los otros empleados están bien... 

—De todas formas, bajemos; ¡nos quemaremos los dos si nos quedamos así! —Tomando una decisión rápida, Lux corrió a las escaleras que conducían al piso inferior. 

Pensando en bajar por las escaleras de emergencia del balcón, Hodgins le gritó desesperadamente: 

—¡Pequeña Lux! ¡Espera! 

Sin embargo, antes de que Lux saliera volando por la puerta, ésta se abrió automáticamente. Hodgins vio un brazo tosco que se extendía ante sus ojos y se apoderaba de Lux. Fue arrastrada a la oscuridad y su cuerpo desapareció. 

—¿Pequeña Lux...? 

En el momento en que Lux reapareció ante Hodgins, cuyos labios se movieron, había como un cañón dirigido a su sien. El que lo empujó hacia adelante mientras sostenía su hombro era un hombre vestido con un traje completamente negro. Otros seis hombres vestidos de la misma manera se revelaron sucesivamente. La mirada de Hodgins se volvió gradualmente más sombría. 

—¿Cómo está usted, Claudia Hodgins? —El hombre se refirió a Hodgins por el nombre con el que se aseguró de no llamarse a sí mismo. Era el nombre que sus padres le pusieron mientras estaban convencidos de que iba a nacer una niña. 

Con una sonrisa distorsionada, Hodgins contestó: 

—Eres un verdadero y refrescante cara de mierda, Salvatore Ridaudo. 

Salvatore también sonrió sarcásticamente. Su cabello estaba fijado con bálsamo hasta el punto de que no había ni un solo pelo revuelto. Tenía los ojos caídos, marrón madera, labios gruesos y la piel pálida como la cera. 

—¿Qué quieres hacer disparando una bala de cañón a mi oficina y apuntándole a mi secretaria? 

—Vaya, buen trabajo descubriendo que fue obra nuestra. 

—Tengo una idea aproximada, pero ¿no puedes decirme... ...Sr. Presidente de la Compañía Postal Salvatore? Todo lo que me viene a la mente es que mi formación académica en la Escuela Militar fue inferior a la tuya. 

—Qué modesto... ¿Qué eres, un empresario en ascenso cuyo nombre todo el mundo conoce en el negocio postal hoy en día? Es muy evidente lo que busco, ¿verdad? La Compañía Postal Salvatore y la Compañía Postal CH. Dos agencias que compiten por el despliegue en Leidenschaftlich. El hecho de que el otro sea una molestia también se aplica a ti, pero yo soy el que lleva más tiempo en esta industria. No puedo contener mi frustración. Tu forma de hacer las cosas es... De todas formas, quiero que vengas obedientemente con nosotros. Deseo tener una charla en un lugar tranquilo. Si lo haces, nos iremos a casa sin infligir una sola herida a esta linda dama y al resto de los empleados. 

Para alguien que dirigía una empresa postal, era un individuo perturbador. Llamarlo un jefe clandestino sería más apropiado. Los hombres de negro bajo su control tampoco parecían ser individuos respetuosos. 

—¿Crees que podrás vivir en paz después de hacer algo así? La policía militar vendrá pronto. 

—Parece que tienes contactos en el ejército, pero yo también tengo fuertes conexiones. La policía militar que monitorea esta área no se moverá ni un centímetro. Les hice prometer que fingirían no oír nada en todo el día, sin importar el ruido que hagamos. Claudia... Disculpa, ¿está bien llamarte por tu nombre de pila? 

Hodgins apretó los dientes hasta el punto que dejaron salir un chirrido. 

—Adelante. Es el nombre que me dieron mis queridos padres. 

—Entonces, Claudia. Si seguimos hablando tan tranquilamente, ambos nos quemaremos. Quiero que nos acompañes con tus propios pies. 

—Entiendo, voy a ir allí. Pero deja a mi secretaria aquí. 

Con esas palabras, Salvatore se quedó en blanco. Miró a Lux, quien, quizás por demasiado miedo, tenía lágrimas que brotaban espontáneamente de sus ojos, y sonrió con una sonrisa bastante compasiva para un enemigo. 

Y de repente le dio un puñetazo en la mejilla. 

Sus ojos se abrieron de par en par, la expresión de Hodgins se tiñó visiblemente de rabia. 

—¡Tú...! ¡¡Pusiste tu mano sobre una mujer!! 

Un hombre de atrás le dio apoyo cuando parecía que iba a caer de rodillas. 

Mirando de reojo a Hodgins mientras gritaba enfadado, Salvatore limpió la sangre de su puño en la manga del traje de uno de sus subordinados. 

—Detesto a las mujeres que piensan que las cosas se arreglarán de alguna manera si lloran. Lo siento. 

Su voz sonaba como si no tuviera ni un gramo de remordimiento de conciencia. 

Cuando el trío llegó, la gente de las tiendas vecinas ayudaba a apagar las llamas junto con los bomberos. 

Viendo eso, Violet susurró en voz baja, 

—Es casi como si supieran que habría fuego, ¿no? 

De hecho, como ella dijo, la actuación del departamento de bomberos fue demasiado bien ejecutada. Gracias a ello, sólo el tercer piso de la Compañía Postal CH recibió daños. 

—¡Ustedes tres! ¡Por aquí! 

Cuando se dieron la vuelta al ser llamados, encontraron a oficinistas uniformados de la Compañía Postal CH parados afuera con quemaduras que se veían y estaban en un estado horrible. Un hombre de mediana edad, presumiblemente el mayor de ese grupo, estaba agitando su mano. 

—Anthony, amigos, ¿están bien? ¿Qué es todo esto? 

Anthony, el jefe de sección de recepción de la compañía postal CH, tenía unos rasgos faciales muy elegantes. Habló con un comportamiento y una forma que coincidían con dichos rasgos, 

—Todos los empleados que asistieron a su trabajo hoy están bien. Sin embargo... el Presidente y su secretaria Lux han sido secuestrados. 

—¡No puede ser! —Cattleya soltó un lamento similar a un grito. 

Benedict miró a Violet. Ella parpadeó varias veces. Sus largas pestañas que se balanceaban mostraban un "shock" entre sus escasas emociones. 

Su mano se extendió hacia su broche y lo agarró con fuerza. 

—¿Quién... y dónde... es el culpable...? —preguntó en voz baja, aun agarrándolo y sin soltarlo—, ¿Quién... y... dónde? 

Su tono era a la temperatura del cero absoluto. 

Era tan bajo y frío que llegó al punto de hacer alucinar por un segundo a quien lo escuchó que su temperatura había bajado. El aire que la rodeaba era extraño, mejorado por su habitual aspecto robótico. 

Sólo una persona se movió dentro de esa atmósfera helada. 

—V —hizo eco el cariñoso apodo con el que sólo Benedict la llamaba. Violet giró la cabeza a un lado—. Está bien —Ese era un tono tan gentil que era inimaginable viniendo de Benedict—. Haré algo al respecto sin importar lo que pase. 

Esas palabras eran casi como las que un verdadero hermano mayor le diría a su hermana menor. 

Las pestañas de Violet volvieron a aletear. 

—Yo lo haré. 

—No puedes. Si vamos a hacer algo, lo haremos todos juntos. ¿Tus planes para después estarán bien? 

—Los planes... No hay problema; el Mayor lo entenderá. Además, el Mayor seguramente me ordenará que rescate al Presidente Hodgins y a Lux. 

Tal vez no se sintió avergonzado por la actitud de Violet al demostrar una confianza inquebrantable, Benedict le hizo un brusco movimiento en el cabello. 

—¿Ah, sí? 

Sus plumosas y onduladas mechas se expandieron aún más. A diferencia de antes, Violet protestó con un "por favor, deja de" usando su voz normal. La inestabilidad que había dado un vistazo a su antiguo yo como niña soldado se esfumó y todos los que estaban a su alrededor exhalaron suspiros de alivio. 

—Oye, ya basta; voy a preguntar sobre el resto. Anthony está preocupado, ¿no? 

Al recibir una patada en la espinilla, Violet finalmente asintió. 

Anthony reanudó su discurso: 

—El autor es la Compañía Postal Salvatore. Su presidente, que tiene la apariencia de un vampiro y sus seguidores vestidos de negro, hizo esto a la oficina... Traté de notificar a la policía militar con un informe detallado de las circunstancias, pero no me escucharon. Parece que Salvatore tiene un enorme apoyo. No se me ocurre otra cosa que no sea la manipulación de la información. 

Lo que significa que Hodgins y Lux fueron capturados por Salvatore y se desconoce su paradero. Al parecer, los empleados que quedaron atrás se concentraron en primer lugar en digerir la situación. 

—Al partir, el Presidente Hodgins nos dijo: 'Les dejo el resto a ustedes'. 

—¡Estoy tan contenta! Por ahora, ellos están bien, ¿eh? —Cattleya se dio una palmadita en el pecho y derramó lágrimas. 

—¿"Salvatore" es el lugar que despacha a los carteros con uniformes negros? Si no me equivoco, su oficina central está en Leiden, ¿no? Esos tipos una vez reclamaban un límite de territorios de entrega, así que los golpeé hasta hacerlos papilla. ¿Podría ser... que esto fuera culpa mía? 

—Eh, ¿qué? El nombre suena como un trabalenguas, así que no puedo recordarlo sólo con escucharlo una vez. Salva... Sal... Salfa... 

—'Salvatore', Cattleya. 

Imitando a Violet, que lo pronunció lentamente, Cattleya lo pronunció también, 

—'Salvatore', 'Salvatore'... de acuerdo. Tengo que ser capaz de decirlo bien. Después de todo, son ellos a los que vamos a mandar al infierno. Bueno, ¿cuándo empieza el festival de sangre? Por supuesto, ajustaremos cuentas, ¿verdad? Iremos a salvar al presidente y a Lux, ¿verdad? 

Fue una declaración rudimentaria, pero los presentes asintieron a la sugerencia de Cattleya con un aspecto que no tenía ningún sentido de rechazo. 

—Por favor, golpéenlos. 

Benedict lanzó una sonrisa malvada a petición de Anthony. 

—Oh. Haremos eso. El viejo estará bien incluso él solo, pero tenemos que salvar a la enana —Benedict se golpeó vigorosamente el pecho con el puño. 

Anthony dejó escapar un suspiro de alivio ante esa actitud. 

—Ustedes tres, ¿entonces qué debemos hacer nosotros? ¿Deberíamos llamar a los otros empleados? La Compañía Postal Salvatore posee innumerables sucursales, incluso en el extranjero. ¿Está bien así? 

Violet dijo después de levantar la mano: 

—Los atraparemos simultáneamente. En las oficinas nacionales, debe haber un lugar junto a las ventanas que sólo tenga el mostrador de recepción. Los tres nos haremos cargo... Sin embargo, la prioridad es atacar primero la oficina central. Supongamos que el lugar donde los dos fueron secuestrados es donde está el líder. Dependiendo de la disponibilidad de personas en el trabajo reclutadas como combatientes, por favor notifícales que vamos a atacar nuestra agencia vecina, la Compañía Postal Salvatore. Mantén una transmisión para que los empleados combatientes comprendan la totalidad de la situación. Confiaremos la concentración de la información... a ti, Anthony. 

—Entendido, Violet. 

Era lo que se esperaba de una antigua guerrera. Con esto, la cadena de mando quedó clara. 

Mirando a Violet, Benedict preguntó: 

—V, ¿no estás volviendo a ser una especie de soldado? 

Violet tenía la misma expresión tranquila de siempre, pero las cosas que decía eran groseras. 

—No, no lo estoy. Sin embargo, el contraataque por motivos justificados está permitido incluso durante los viajes. Sólo vamos a resolver una disputa entre compañeros postales. El tercer piso es el que está ardiendo, ¿verdad? 

Violet tenía una razón para confirmarlo. 

El trío estaba frente a una gruesa puerta de hierro colocada de forma poco natural en la pared de ladrillos rojos de la parte trasera del edificio. Mientras Benedict se ponía en cuclillas y excavaba el suelo, una pequeña caja cubierta de tierra apareció en pocos minutos. Dentro había una llave de bronce. Una vez que la llevó respetuosamente al ojo de la cerradura, la puerta saludó a los visitantes mientras emitía un sonido oxidado. Tomaron una linterna empotrada y bajaron las escaleras en la fina oscuridad. Pronto, llegaron a su destino. 

El sótano iluminado por la tenue luz almacenaba equipos que no deberían encontrarse en una compañía ordinaria. Eran armas de fuego, espadas, lanzas, hachas, arcos, escudos y otras herramientas de combate de todo tipo. Aunque fuera el pasatiempo del presidente, semejante surtido de artículos no era algo que un aficionado pudiera conseguir. 

—Vio venir algo así y se estaba preparando, ¿eh? Tiene conciencia de que la gente le guarda rencor —dijo Benedict como si estuviera admirado. 

—¡Ah~! ¡El presidente consiguió la tonfa que dije que quería! ¡El látigo también! 

—Un puño es más que suficiente para ti, ¿no? No vayas a tomar más armas peligrosas que esa. V, ¿qué vas a escoger? Tenemos esta oportunidad, así que voy a tomar las que nunca he usado. 

—Yo… —Mirando alrededor de las armas ocultas de la Compañía Postal CH, Violet extendió una mano a algo envuelto en un trapo hecho jirones contra la pared más lejana—. He decidido que esta será mi arma. Benedict, Cattleya —Violet levantó el objeto que era tan alto como ella con movimientos de manos que no permitían percibir su peso—. Vayamos lo más discretamente posible. 

Los tres se miraron en silencio por un momento. 

—Imposible, ¿no? Estoy enojado. 

—Imposible, ¿no? Con este grupo, eso es... 

—Así que ese es realmente el caso. 

Como resultado de una discusión, llegaron a la conclusión de que dejar a los enemigos medio muertos sin matar a nadie era aceptable. 





Salvatore Rinaudo miró fijamente a Claudia Hodgins. La persona a la que detestaba estaba en una alfombra de piel de oso importada de su elección personal, débil y con las muñecas atadas. 

Estaban en una habitación rodeada de muebles negros. El hecho de que dicha habitación estuviera decorada con la personalidad de su dueño era evidente a simple vista. Había retratos de él mismo y estanterías con puertas dobles de cristal que no parecían abrirse a menudo. También había especímenes de mariposas y jarrones llenos de flores blancas y frescas. La música tranquila del violín sonaba desde un gramófono, pero no aliviaba en lo más mínimo la atmósfera inquieta. Con la mejilla golpeada e hinchada, Lux Sibyl estaba sentada en una silla, pero uno de los subordinados de Salvatore tenía un arma apuntando a su cabeza. 

Lux estaba constantemente preocupada por el exterior. Desde el balcón, podía ver la oficina de Hodgins a la misma altura en la distancia lejana. El humo negro que salía de ella, la estructura de la sede de la Compañía Postal CH y de ese edificio eran muy similares. 

Había una cosa más que señalar sobre el balcón. Era la artillería que parecía improbable que hubiera sido colocada allí como una antigüedad. 

—¿Te digo la razón por la que te desprecio? —Estiró su brazo como para abrazar a Lux, acariciándola, la cual tenía su mejilla derecha hinchada, casi como si calmara a un gato doméstico. 

Como la mejilla que había sido golpeada aún palpitaba, Lux se estremeció como si le doliera al ser tocada. 

—Por encima de todo, eres tú mismo. Naciste en una familia de comerciantes acomodados, y pertenecías al ejército de Leidenschaftlich. Aunque fuiste ascendido al rango de mayor, dejaste el ejército inmediatamente después de terminar la Gran Guerra y enseguida fundaste una oficina postal, triunfando espléndidamente en ella. Gente como esa existe, ¿eh? Del tipo que puede llevar a cabo cualquier cosa bien sin importar lo que hagan. En la mayoría de los casos, pisotean los esfuerzos de los demás con la suela de sus zapatos. Y con una cara indiferente, para colmo. Puede que tenga todo esto, pero soy una de las personas que se enfrenta a dificultades, así que detesto a los que son como tú. 

—Si mi superioridad es un pecado, entonces ve a quejarte con Dios. 

—Mi segunda razón para odiarte es que te rebelas contra los principios y reglas que nuestros predecesores establecieron. ¿'La Compañía Postal CH entrega en cualquier lugar'? Me das asco. 

Hodgins le lanzó a la mano de Salvatore una mirada fulgurante. 

—Alta calidad a bajo precio para los clientes... Es lo básico del negocio, ¿no? 

—¿No aplastarás a los que no pueden hacer lo mismo si conviertes esto en un estándar? 

—Te tropiezas porque te sientas sobre tus manos de esa manera. ¿Sabes?, me acordé cuando era soldado que una oficina de correos como esta sería genial y simplemente lo estoy haciendo realidad. Cartas que pueden ser enviadas a cualquier tipo de campo de batalla. Carteros que pueden entregarlas. Auto-Memories Dolls que pueden venir a ti si lo deseas, incluso si vives en el corazón de un mar de árboles. ¿Qué tiene de malo hacer algo que me gusta con mi propio dinero? 

—Todavía hay otras cosas malas... ¿Qué es ese edificio? ¿No es casi como decir que vas a reemplazar a la Compañía Postal Salvatore? El hecho de que sólo se levante en lo alto de la fachada es también irritante. 

La mano de Salvatore se movió de su mejilla a su pelo plateado, lo que emitió un brillo intenso. 

—No toques a mi secretaria... Sí, así es, te declaré la guerra. Te conozco desde antes de entrar en la industria. Estás por todo el país que protegí, haciendo cosas que no lo favorecen. 

—¿Qué, por ejemplo? 

Un mechón de pelo recogido por los dedos de Salvatore fluía entre ellos, produciendo un sonido suave. 

—El hecho de que hayas estado vendiendo armas tras la fachada de la oficina de correos... Estuviste vendiendo armamento nacional en el extranjero, ¿no? 

—Somos una compañía postal que tiene la amabilidad y la cortesía como nuestros puntos de venta, así que entregamos cualquier cosa que la gente solicite. Sin embargo, no recuerdo haber entregado nada al Norte. 

—Esa no es la cuestión. Incluso si no les vendiste nada cuando las batallas estaban en marcha, sólo hace falta pensar un poco para darse cuenta de que este tipo de cosas circulan, ¿verdad? Era tan insoportablemente raro... ¿Cómo es que el enemigo tenía armas hechas en Leidenschaftlich? ¿Cómo es que a mis camaradas les disparaba el enemigo con ellas y morían...? Finalmente pude investigar ese misterio después de la guerra. 

A Lux le tiraron del pelo con fuerza y su cuello se dobló hacia atrás. Le quitaron la bufanda, la clavícula asomando por debajo de la blusa. 

Salvatore tomó el arma de su subordinado y la apuntó a su pecho. 

—Si sabes tanto, también sabes que parte de mis diligencias fueron al ejército, ¿no? No es algo que sólo yo deseaba. Algunas personas de su país, a las que ustedes dedicaron su vida, sólo querían aumentar un poco su sueldo de jubilación. ¿No es una historia común? ¿No puedes dejar el acto moralista? Me da asco. 

—No soy un moralista... oye... ¿cuántas veces tengo que decirte que no toques...? 

—Claudia, tampoco es que tengas un estilo de vida respetable, ¿verdad? Apostaste toda tu fortuna en apuestas bélicas y ganaste una gran suma, ¿no es así? Los fondos obtenidos de las apuestas son un semillero de organizaciones clandestinas y grupos del mercado negro. Con esos fondos, venden armas, drogas y mujeres y niños maltratados. Incluso si estás en el bando que acaba de ganar, desde el momento en que hiciste una apuesta, también hiciste tratos y te convertiste en el asaltante de alguien. 

—Por eso dije... ¡No soy un moralista! Lo hice todo porque quise. Tú y yo somos negros de corazón. Pero ¿sabes? Mi secretaria de allí es una chica respetable. ¡¿No escuchaste cuando te dije que no tocaras a mi secretaria?! Si te pones ansioso a menos que toques algo, ¡golpéame o lo que sea! 

Tal vez porque esas afirmaciones lo molestaron, Salvatore hizo lo que Hodgins propuso, dejando a Lux y pateando la cara de Hodgins con su espinilla. El pelo carmesí se balanceó, Hodgins se desplomó en el suelo. 

A pesar de todo, sonrió. 

—Gracias; ¿debería quitarme la ropa ya que estamos en ello? Te excitaría, ¿verdad? 

Salvatore agarró el cuello de Hodgins con rabia. 

—Qué asqueroso. Tu compañía es tu propia naturaleza humana. Soy una víctima. Quiero que me devuelvas los clientes, las rutas y todo lo que me has robado. Creo que ser un soldado te conviene más que ser un hombre de negocios. Tumbarte en el suelo así es apropiado para ti. Por qué... Sólo voy a hacer que escribas tu nombre en un documento. Prométeme que no invadirás mis rutas... Es difícil hacer cosas contigo merodeando por ahí. Muchas cosas, ¿lo ves? —Lo soltó abruptamente, la cara de Hodgins se golpeó en el suelo. 

—¡Presidente! —La voz de Lux, mezclada con las lágrimas, se filtró. 

Hodgins inmediatamente levantó la cabeza y le sonrió a Lux. Llegó a guiñarle el ojo. 

Salvatore le dijo con dureza a su subordinado que llamara al escribano oficial que sería testigo de su contrato. Seguramente tenía la intención de aplastar la oficina de correos de Hodgins dejando un documento legal de contenido no equitativo. 

—Tibio, eres tibio —La lengua de Hodgins lamió la sangre que goteaba de la esquina de su boca—. Comparado con los campos de batalla, eres realmente aburrido... —Mientras tosía con brusquedad y sutileza, su voz llegó a Salvatore—. Mi compañía no es sólo mía —Hodgins miró por la ventana. Comprobó si algo se acercaba y lo esperó. 





—La Compañía Postal Salvatore identificada adelante —susurró Violet. 

Benedict conducía su motocicleta, Cattleya detrás de él. Agarrada a los hombros de Cattleya, Violet estaba parada en el borde del asiento del pasajero. Atravesando el paisaje de la ciudad a primera hora de la tarde, la motocicleta no sólo llevaba tres personas, sino también el armamento descubierto. 

—Hey~, hay un enorme cañón de mal gusto en el balcón~. 

—Muy bien, estaba pensando en atravesar a la fuerza la puerta principal, pero cambio de planes. V, desaparece ese balcón —dijo Benedict con una despreocupación con la que uno invitaría a otro a ir de compras. 

—Entendido. Cattleya, por favor dame apoyo —Violet tomó en sus manos un objeto cilíndrico grueso y largo que había sido colocado en el portaequipajes de la motocicleta. Era un objeto que podría llamarse tanto un rifle como un lanzador de cohetes. Lo apoyó en su hombro sobre el vehículo en marcha y determinó su objetivo. 

Una vez que Cattleya se aferró a sus piernas para asegurar su cuerpo, Violet disparó sin piedad. Los sonidos de la explosión resonaron por toda la ciudad de Leiden por segunda vez ese día. 

—Impacto confirmado. 



Las palomas huyeron al cielo, los habitantes de la ciudad se lanzaron a mirar alrededor en busca de la fuente del ruido. Mientras tanto, la moto en la que iba el trío se acercaba poco a poco a la oficina central de Salvatore. 

—¡Aterra~dor! ¡Pero sorpren~dente! Yo también quiero disparar eso —Cattleya gritó de alegría al ver el balcón destruido. 

—No te dejaré, pase lo que pase. 

—No puedes, no importa lo que pase. 

Benedict y Violet sacudieron sus cabezas en sincronía. Ambos comprendieron que sería peligroso dejar que una mujer tan ingenua se aferrara a un arma de fuego. 

—¿Qué pasa con eso? Yo también quiero hacer algo grande y salvaje... ¡¿No está bien?! 

—Entonces, que Cattleya sea la primera en entrar. Por favor, quédate satisfecha con eso. 

—¿Qué estás decidiendo? El primero en algo tengo que ser yo. 

—Me sigues por detrás. Porque la que salvará a nuestra princesa cautiva, el presidente, voy a ser yo. ¡A~hn, espérame, Presidente! ¿¡Dónde estás!? 

—Tú... Como si un tipo tan grande pudiera ser una princesa. ¿Qué clase de princesa es esa? 

—Si fueras tan alto como el Presidente, no tendrías que usar esos zapatos con tacón. 

—¡Estás equivocada! ¡No es por eso que los uso! ¡Es porque son geniales! Tú... ¡te haré llorar después! Voy a pasar por tu casa hoy, ¡así que prepárate para ello! 

—Tú... tú-tú... ¡Idiota! ¡¿Qué estás diciendo delante de Violet?! 

Escuchando en silencio la conversación entre ambos, Violet tomó lentamente del portaequipajes el asa del arma que sobresalía de la tela andrajosa. 

—Entonces, aprovecharé esta oportunidad y me iré. 

No tenían idea de la oportunidad que estaba tomando, pero Violet saltó ágilmente en el aire después de decir sólo eso. Al aterrizar en el suelo, la motocicleta también se detuvo justo frente a la oficina central en el momento oportuno al conseguir una ostentosa maniobra de derrape. 

—Aquí voy, Mayor. 

Lo que se veía en los ojos azules de Violet era la Compañía Postal Salvatore - un edificio que se veía exactamente como la Compañía Postal CH. Aunque era un día entre semana, un cartel de "cerrado" colgaba de la puerta y cinco carteros vestidos con abrigos negros se paraban en la entrada fumando cigarrillos. 

La impresionante mujer, el hombre montado en una motocicleta y la belleza detrás de él aparecieron ante sus ojos. Las cenizas cayeron reemplazando su sorpresa ante el trío misterioso. 

—¿Quiénes son ustedes? 

Mientras los hombres se congelaban en el lugar, con su cara sin pintar y su pelo color de luna, Violet rápidamente arrancó la tela andrajosa que envolvía el arma en sus manos. Una hacha de guerra de un tamaño no apto para moverse en un camino de la ciudad se reveló. 

—Encantada de conocerlos. Soy una Auto-Memories Doll de la compañía postal CH; mi nombre es Violet Evergarden. 

El nombre del hacha de guerra que esgrimía esa mujer tan ominosamente bella como una bruja era Brujería. Tenía una hoja de plata, y la lluvia roja en la que se tiñó por el número de personas que había matado era una manifestación de su existencia maligna. 

—Disculpas porque están en medio del trabajo, pero ¿podrían permitirnos subir? Dado que el presidente y la secretaria de nuestra empresa desaparecieron en su agencia, no sabemos su paradero. 

Mientras se aferraba a ella, iluminada por la luz del sol de la tarde, su cuerpo daba una sensación de estar fuera de lugar. 

—Si no escuchan nuestra petición, ejerceremos la fuerza bruta basándonos en los preceptos de nuestra compañía. 

Pero mientras la esgrimía, su figura parecía apropiada. Más bien, era todo lo contrario. 

Levantando tranquilamente la gigantesca hacha de guerra, Violet apuntó con la hoja a los hombres. En lugar de abrir la boca, los hombres sacaron pistolas de sus abrigos y pantalones y las apuntaron a Violet. 

—¡Los chicos de la Compañía Postal del CH están aquí! ¡No los dejen pasar pase lo que pase! 

—¡Violet! —El grito de Cattleya resonó en los caminos de la ciudad. 

Sin embargo, la hermosa Auto-Memories Doll se movió al mismo tiempo que los oponentes se preparaban, dando un golpe anticipado en un abrir y cerrar de ojos. 

—Negociaciones rotas. 

Un solo golpe de la hacha de guerra alejó a los carteros. Fue un ataque que no los cortó y simplemente golpeó sus signos vitales usando armas contundentes, pero causó que tres de los hombres se golpearan la cabeza contra la pared exterior de su compañía y se derrumbaran. 

Los dos hombres restantes, que habían esquivado la aparición y desaparición del hacha, apuntaron frenéticamente a Violet y apretaron los gatillos. Sin ningún cambio en su expresión facial, Violet giró el hacha de guerra y repelió las balas con su hoja. Cambiando de mano, apuntó con la punta del mango a los oponentes. Produjo un zumbido. 

—Por favor, perdonen mi grosería. 

El adorno de brotes de flores que decoraba la punta del mango salió volando junto con una larga cadena. Les quitó las pistolas en sus manos a los dos hombres. No les dio a los hombres, que tenían las manos abajo debido al choque, ninguna abertura para corregir sus posturas. Esta vez, Violet golpeó fuertemente con su hacha de guerra contra la superficie de la pared del edificio y la ancló. Mientras extendía la cadena y giraba en el aire, dio una patada voladora a la cara de uno de ellos, hizo que su cara se convirtiera en su peldaño y dio una patada al hombre que estaba a su lado. No hubo vacilación ni misericordia en sus acciones. 

—¡Pero se suponía que yo era la primera! 

—¡Era yo! 

Indignada, Cattleya tomó un saco atado al portaequipajes, que contenía sus armas. Tras una profunda indecisión entre la tonfa, el látigo y el resto de armamento, eligió los nudillos de hierro. 

Antes de que nadie se diera cuenta, las manos de Benedict estaban agarrando dos pistolas. Desactivó el seguro con movimientos practicados. 

—¡V! ¡No te pongas demasiado seria! ¡Si estás enojada, puedo enojarme por ti! 

Como si la gente de la Compañía Postal Salvatore hubiera previsto que alguien vendría a atacarla, los carteros se asomaron a las ventanas de los pisos de arriba con los rifles en posición. Las balas de las pistolas de Benedict perforaron sus brazos mientras hablaba, creando una lluvia de salpicaduras de sangre. 

—Si esta es la emoción llamada ira, quiero deshacerme de ella rápidamente. Cattleya —Violet señaló con su dedo el lanzacohetes que ya no tenía municiones a Cattleya, que ya se había puesto los nudillos de hierro. 

Agarrando con agilidad su empuñadura con una mano, Cattleya lo arrojócon una mayor velocidad de rotación después de tirar de él una vez con mucho vigor. 

—¡Uno, dos, Tre~ees! 

Junto con su adorable grito, el lanzacohetes golpeó a los carteros que habían aparecido en el piso de arriba, rompiendo el cristal de la ventana. Su poder destructivo era el mismo que el de un casquillo de bala. 

Quien lo lanzó saltó de un lado a otro como si estuviera encantada. 

—¡Kyah~! Les di... 

No era un hecho que una persona promedio, y mucho menos una mujer joven, pudiera manejar normalmente. Era la poseedora de unos brazos tremendamente fuertes. 

—Como se esperaba de la Mujer Estúpida - o más bien como la Mujer Estúpidamente Fuerte. 

—Cállate, hombre de los zapatos de plataforma. 

—Ah, ¿te apuntas? 

—¿Qué, tú también? 

El sonido de la cadena en el hacha de guerra de Violet, "Brujería", ahogó la pequeña disputa del dúo. Uno de los hombres gritó y salió por la ventana, cayendo sobre un macizo de flores delante de la compañía. 

—Benedict, Cattleya. Por lo que parece, el Presidente y Lux están indudablemente dentro de este edificio. El Presidente Hodgins me dijo que imitó a la agencia de Salvatore cuando la oficina de nuestra compañía estaba en construcción. Si ese es el caso, entonces la posición más alta es probablemente el piso más alto - el tercer piso. Cuento con ustedes para que sigan los procedimientos. 

Los dos asintieron con la cabeza en respuesta a las palabras de Violet. 

—Vamos a patearles el culo de una vez e ir a celebrarlo. 

—Después de todo, estamos molestando a los vecinos. 

Antes de que nadie se diera cuenta, la ciudad se había quedado en silencio. 

La Compañía Postal Salvatore estaba ubicada en una calle comercial completamente ordinaria de la ciudad de Leiden. Sin embargo, los transeúntes huyeron a los pocos minutos, y los comerciantes de los edificios cercanos, así como de los edificios aledaños, cerraron las ventanas de sus tiendas - las llamadas vitrinas - y bajaron las cortinas de hierro. 

La rápida acción surgió de su comprensión de que la ciudad se había involucrado en la vorágine de una pelea. Era una particularidad de los ciudadanos de un país que llevaba mucho tiempo aislando a los invasores desde su fundación. La gente esperaba en silencio que el conflicto terminara. 

—Bueno, entonces, entremos —La figura de Violet mientras daba la orden con una voz clara era diferente a la habitual. 

Dentro de la sala del presidente en el último piso de la Compañía Postal Salvatore, el escenario visible desde el balcón - un cielo otoñal donde las nubes cirrocumulus se elevaban y el paisaje urbano de Leiden - parecía como si estuviera insertado en un marco de fotografía. Sin embargo, tal belleza era algo de unos pocos segundos antes, y ahora la artillería contenida en ella había recibido un gran daño por un repentino ataque explosivo, con humo saliendo de ella. 

Una vez adornada con delicadas esculturas, los travesaños se estaban desmoronando, y el balcón estaba en un estado en el que uno podía caer directamente al suelo si le ponían un pie encima. Si la artillería estaba cargada con municiones, lo más probable es que no fuera lo único que se hubiera destruido. 

En esa situación de caos instalado, el rostro pálido de Salvatore Rinaudo se puso aún más pálido y su boca se abrió, mientras que Claudia Hodgins se mordió el interior de sus mejillas para matar su propia risa y tembló para contenerla. 

—¿Qué hicieron? 

— ¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Aah, ya no puedo más! ¡No puedo contenerme! ¡Esto es lo mejor! —Hodgins se convulsionó de risa al mirar la cara de Salvatore—. ¿De qué te sorprendes tanto, Salvatore? ¿No es eso lo que nos hiciste? Bueno, pero... no pensarías que haríamos exactamente lo mismo que tú, ¡eh! ¡No hay forma de evitarlo! ¡Ja, ja, ja! 

Incluso Lux, que todo el tiempo había estado temblando con una cara oscura, se iluminó con un destello de esperanza y se rió un poco. 

—¿Este es el trabajo de tu gente de la Compañía Postal CH? 

—¿Quién más? Nuestra filosofía corporativa es 'ojo por ojo' —Hodgins estaba de tan buen humor que parecía que podía empezar a cantar en ese momento. 

Algunos de los subordinados de Salvatore bajaron a los pisos de abajo. Los disparos y los gritos pronto volvieron a resonar. El hecho de que los gritos vinieran de los subordinados de Salvatore aumentó su ansiedad e impaciencia. 

—Están haciendo esto a pesar de que podrías estar herido... ¿Qué tipo de entrenamiento usas con ellos? 

—Básicamente un principio liberal. La mayoría del personal que reuní cuando estaba construyendo mi compañía son tipos sin ningún lugar a donde ir que convencí y acepté... No sé si mis preferencias son tendenciosas, pero resultó que muchos de ellos son tipos absurdamente fuertes. Los que están aquí ahora son definitivamente dos Auto-Memories Dolls que estaban fuera de servicio y... probablemente un cartero que tenía previsto volver a la ciudad hoy. Son de la élite de la élite, incluso entre nosotros. Salvatore, ya que eres tú, ¿no se suponía que me investigarías a fondo? 

—Los empleados de tu compañía son ex soldados y mercenarios, ¿verdad? Si ese es el caso, también lo son nuestros carteros... 

—No son sólo antiguos soldados y mercenarios. Benedict es un ex-mercenario que tenía el apodo de "Fanático Hambriento de Batalla" en otro continente. Cattleya era una boxeadora. Tiene brazos tan fuertes que nadie puede vencerla usando la fuerza. Y esa hermosa chica cuyo nombre se puede decir que todo el mundo conoce en el negocio de las Auto-Memories Doll... mi adorable Pequeña Violet, solía ser la mujer soldado más poderosa de Leidenschaftlich. Pero eso es cosa del pasado —Hodgins le sonrió a Lux—. Por cierto, mi secretaria es una antigua semidiosa". 

—¿La mujer soldado más poderosa de Leidenschaftlich? 

—¿No te dijeron nada tus clientes? Bueno, en cierto modo fue tratada como un secreto, así que es posible que los civiles no sepan de ella. Los militares llegaron a crear una tropa sólo para ella y la hicieron trabajar para ellos, pero nunca le dieron reconocimiento o rangos. No tenía un apellido en ese entonces y parece que la gente la llamaba "Violet". Mi amigo la encontró y la crió... En las sombras, fue la figura principal de la Gran Guerra. 

Salvatore recordó las fotos de los empleados de Hodgins que había hecho investigar a sus subordinados. Una que se había grabado en su mente notablemente vívida era una mujer hermosa. Era una chica de exquisitos y suaves rasgos faciales. Incluso si se declaraba que era la mujer soldado más fuerte, nadie podía creerlo de inmediato. 

—¡¿Cómo hiciste tuya una mujer como esa?! 

—Ella no es mía —Hodgins sonrió desafiantemente—. Y ya no pertenece al ejército tampoco. Desde el principio, ella... Paremos aquí; contarte esta historia es un desperdicio. 

El ritmo de la batalla se fue acercando poco a poco al último piso. Por lo que parece, el alboroto se intensificó hasta llegar a gritos de ira. Al parecer, la dueña de la voz es una mujer joven. Incluso entre los disparos, la conversación entre esas dos personas no se interrumpió. 

La sonrisa de Hodgins se hizo más profunda, la cara de Salvatore se volvió sombría. 

—Chicos, saluden cortésmente al entrar. 

Los subordinados de Salvatore prepararon sus armas al mismo tiempo. La tensión llegó a su punto máximo, todos dentro de la habitación prestando atención a la puerta. Sin embargo, ya era hora. 

—Lux, por favor, cúbrete los ojos —una hermosa voz que no correspondía a un lugar así, que se había convertido en un campo de batalla, se pudo escuchar desde detrás de los miembros del personal. 

Un bulto negro saltó desde el balcón. Al principio parecía una bestia. Una bestia impresionante y aterradora que movía sus miembros con gracia y pisoteaba a sus enemigos. 

Por mucho que los "cazadores" que se habían dado cuenta de la existencia de la bestia hicieran llover balas sobre ella, sus pies no se detuvieron ni un centímetro mientras mostraba sus colmillos. Se mantuvo firme en el campo de batalla mientras bailaba en el aire, blandiendo su arma con una precisión asombrosa, llevando a todo el mundo al suelo. 

—¡¡A-Aaaah!! 

El brazo liberado del hacha de guerra atravesó y perforó el hombro del hombre que había estado apuntando a Lux. La bestia balanceó el hacha de guerra y colocó a Hodgins y Lux detrás de sí. 

Salvatore dio unos pasos hacia atrás, y exactamente dos facciones estaban en posición separadas a su derecha e izquierda. 

—Mayor Hodgins, nos disculpamos por la espera. 

—Siempre te digo que es 'Presidente', ¿verdad, Pequeña Violet? 

La bestia, o mejor dicho, la mujer, echó una fría mirada a lo que ella percibía como el enemigo. 

—Tú... ¿qué eres? —Salvatore desahogó su confusión ante el repentino intruso que se agarró al hacha de guerra completamente roja. 

Tenía una piel blanca y suave como la de las muñecas de porcelana. Sus ojos azules eran como bolas de cristal. Su pelo de oro parecía flotar con una dulce fragancia. La chica era hermosa en un grado raro, pero eso no era lo único que hacía que uno abriera los ojos hacia ella. 

Una leyenda viviente que Salvatore no sabía que estaba ahí. 

—Violet. 

La hermosura que había visto en la foto fue ocultada por una sombra, una atmósfera turbulenta similar a la locura rodeándola. Un aire de letárgica estrategia sobre cuál de ellos se movería primero fluyó, pero el estancamiento pronto se rompió. 

—¡PRESIDENTE... LUX...! 

—¡VIEJO! 

Las voces se escucharon al unísono desde fuera de la habitación. La enorme puerta se rompió como si fuera una hoja de papel muy delgada. La persona que pisó la puerta cuando se derrumbó con un temblor y entró en la habitación mientras sostenía por el cuello a un enemigo que había derrotado con sus nudillos de hierro plateado fue Cattleya. 

—¡Aa~hn! ¡Ustedes dos! ¡Los encontré! —Arrojó la presa que casi había matado hacia Salvatore y su grupo. Ser capaz de arrojar a un ser humano como si fuera un objeto significaba que sus brazos eran simplemente tan buenos como armas contundentes. 

Siguiéndola, apareció primero un cañón de arma de fuego, y después de los sonidos de bala, Benedict se reveló. Era un disparo destinado a dar el golpe final a la ofensiva de Cattleya. 

Disparando a las piernas de todos los hombres de negro excepto Salvatore, Benedict chasqueó su lengua en la espantosa escena dentro de la habitación. 

—¿Qué es esto? ¿No se ha comido V a la mayoría de ellos? —Junto con un suspiro, tiró el arma que tenía en la mano, sacando otra—. Viejo, sólo nos queda este anciano de aspecto importante. 

—¡Lux! Violet te está protegiendo, ¿verdad? ¡Presidente! ¡Estás atado! —Cattleya corrió hacia Hodgins, que estaba tirado en el suelo. Sin cortarlos con un cuchillo, arrancó las cuerdas que le habían restringido con los nudillos de hierro y lo abrazó con valentía. 

Hodgins le dio palmaditas en la espalda con los dedos y la abrazó ligeramente. 

—Lo siento, Cattleya. ¿No se lastimó mi adorable jovencita? 

—¡No me lastimé! 

—Buena chica —Hodgins dejó un beso en la frente de Cattleya haciendo pop. 

Las mejillas de Cattleya se enrojecieron y le dio la espalda avergonzada, estampando sus pies en el piso de felicidad. 

Benedict apartó a Cattleya de Hodgins y se puso entre ellos. Contrariamente a su ira, golpeó agresivamente a Hodgins desde la cara hasta el torso, confirmando que este último estaba vivo. 

—Ouch, ouch, ¿qué es esto? ¿Una nueva forma de expresar amor? 

—Estás bien, ¿eh, Princesa Cautiva? 

—¿Estabas preocupado por mí, cariño? —Hodgins se limitó a responder con una charla frívola al cinismo de Benedict, pareciendo encantado. 

Mordiéndose brevemente el labio, Benedict se puso de cara al suelo. Hodgins tuvo la sensación de que los ojos que Benedict le había dirigido antes de echarlos al suelo estaban húmedos, y se sorprendió interiormente. 

--¿Podría ser que realmente estuviera preocupado? 

—Oye, cariño. Benedict. 

Su pelo rubio arenoso frotado hasta quedar hecho un desastre, Benedict finalmente resistió enérgicamente como si dijera, "Déjalo". Ya no se veía nada que se pareciera a las lágrimas en sus ojos. 

—Quién es ese "cariño", Viejo...? 

—¿Podría ser que estuvieras muy preocupado por mí? 

Estaba totalmente convencido de que Benedict lo negaría. 

—Lo estaba. No me obligues —Sin embargo, este último le dirigió sus ojos celestes directamente a él y le dijo—: Estaba muy preocupado. ¡No hagas que me preocupe de nuevo, pase lo que pase! 

Como era demasiado contundente, después de que Hodgins se sorprendiera, su cara se puso lentamente roja. Había anticipado que vendrían a salvarlo, pero ahora era la primera vez que se enteraba de que era apreciado hasta ese punto. 

—Ah... ¿en serio? Lo siento, ¿bien? 

—Maldición... ¡No dejes que te secuestren cuando tienes ese enorme cuerpo! ¿Está bien la Princesa Cautiva #2? 

—Bien. La pequeña Lux necesita primeros auxilios... 

Violet deshizo la atadura de Lux. El cuerpo de esta última, que había estado temblando de miedo, y el sonido de sus latidos, que se habían vuelto ruidosos, estaban recuperando la calma. 

—Gracias, Violet —Soportando el dolor en su mejilla, Lux sonrió a la amiga que vino a rescatarla—. Pensé que eras un noble príncipe. 

Violet frunció el ceño como si fuera un problema. Luego, resentida, tomó las manos de Lux y la ayudó a levantarse. 

—Mis disculpas por no poder protegerte. Pero no te dejaré pasar más por momentos aterradores —como un caballero, hizo que Lux se refugiara detrás de ella. 

Aunque agarrando su arma, Salvatore fue incapaz de disparar un solo tiro a las tres personas que habían tomado el control de su compañía. Mientras dirigía su mirada a un lado, pudo ver a sus subordinados derrumbados y gimiendo en el corredor abierto. 

—Se suponía que había... cincuenta de ellos —una vez que abrió la boca, su voz tembló. 

—¿Ah? ¿Sus subordinados? Aunque los números sean grandes, no sirve de nada si la calidad apesta. En realidad, ¿había tantos? Estaba contando, pero... Mujer estúpida, ¿cuántos has derribado? 

—¡Estúpido Benedict! Erm... diez. Probablemente golpeé a unas diez personas. 

—Yo veinte. El resto fue V, ¿eh? 

—Simplemente vine aquí escalando los muros exteriores, así que aparte del principio y ahora... 

—¿Nadie se ha escapado? Las matemáticas no cuadran. 

Estaban charlando despreocupadamente, pero el contenido de la conversación era el número de personas que habían derrotado. Además, había una diferencia abrumadora en el poder de combate, ya que estaban ilesos y ni siquiera sus ropas tenían rasguños. Esa era también una diferencia en el poder de la corporación. 

Mordiéndose el labio como si estuviera frustrado, Salvatore le ladró a Hodgins: 

—Llegaron tarde, ¡y por eso han perdido! ¡Ya te hice escribir el contrato! El escrutador oficial fue a presentar el contrato que intercambiamos a la oficina del gobierno para que sirviera como demostración de legitimidad formal. Probablemente ya ha sido aceptado... ¡Lárgate si quieres! ¡Pero te voy a facturar los daños internos causados por tus subordinados y las heridas que le causaron a los míos! 

Salvatore había intentado causar dolor psicológico y corporal a Hodgins durante un tiempo, infundiéndole terror y haciéndole perder la voluntad de luchar, pero ahora él se había dado por vencido. Lo que más deseaba - el contrato desigual - estaba en un estado de efectividad legal. Mientras lo tuviera, independientemente de lo que se pudiera decir, el hecho de que Salvatore tuviera la ventaja no cambiaría. 

—Salvatore Rinaudo. ¿De qué estás hablando? —Sin embargo, Hodgins tenía una expresión facial que indicaba que estaba indefenso. 

—Como dije, tu compañía ya no puede entrar en nuestras rutas... 

—¿Y qué? 

—No importa cuánta fuerza bruta usemos, ¡eso no es nada frente a un documento oficial validado! 

—Otra vez... ¿y qué? Los papeles fueron en efecto archivados. Parece que también fueron presentados antes de que llegara la ayuda. ¿Y qué? —Claudia Hodgins, presidente de la Compañía Postal CH y ex-mayor del ejército de Leidenschaftlich, tenía en general una personalidad despreocupada, así como una actitud alegre y frívola. Sin embargo, ahora miraba a Salvatore sin sonreír, dejando que un destello brillara con fuerza en sus ojos—. ¿No es un asunto que se resolverá si aplastamos tu empresa? —Se arremangó la camisa y se quitó un reloj de pulsera que se podía ver que era un producto de alta calidad. Luego, apretó la correa con los dedos para que la caja del reloj estuviera en sus nudillos. 

Cualquiera que estuviera acostumbrado a pelear lo sabía. Si uno estaba luchando sin un arma, el objeto llamado reloj de pulsera era algo demasiado útil. 

—Salvatore, si no hubieras golpeado a Lux, no estaría tan enojado. 

Salvatore disparó a Hodgins cuando éste le levantó la mano, pero ni siquiera le rozó. Curiosamente, la bala que no mató a una persona atravesó la mitad de la frente del retrato de Salvatore que estaba dentro de la habitación. 

—De-Deten- —La palabra que Salvatore pronunció fue el final. 

El puño de un hombre de 194 cm de altura y 85 kg de peso golpeó la cara de Salvatore con un sonido que cortaba el viento. Como su nariz se rompió sin piedad, Salvatore derramó una gran cantidad de sangre. Algunos de sus dientes cayeron también sobre la alfombra de alta calidad. Tuvo convulsiones por un momento, pero finalmente se quedó completamente inmóvil. 

—¿Lo mataste? 

A la pregunta de Benedict, Hodgins puso su oreja contra el pecho de Salvatore, sacudiendo su cabeza después de simplemente comprobar los latidos del otro. 

—Está vivo. Dejémoslo en paz —En el instante en que se dio la vuelta, Hodgins regresó a su habitual yo—. Todos lo hicieron muy bien. Estoy tan feliz; mis empleados son los mejores. ¡Y también soy el mejor por haberlos elegido a ustedes! —Hodgins entonó alabanzas gesticulando exageradamente, abrazando a los empleados que vinieron en su ayuda todos a la vez. Luego se acercó al lado de Lux, plantando un beso en la mejilla que no había sido golpeada—. Te he hecho pasar por mucho, eh. Lo siento mucho, Pequeña Lux. 

—No, después de todo soy la secretaria del presidente. 

Viendo que no parecía muy tímida, ese tipo de beso no era una acción rara. Mientras el hilo de tensión se rompía, Lux se desmoronó y derramó grandes lágrimas. Hodgins se disculpó frenéticamente de nuevo. 

—No es eso... Estoy frustrada... Sería genial si yo fuera como todos los demás, y también tuviera la fuerza para proteger al presidente. Si no me hubieran tomado como rehén, las cosas no habrían resultado como... 

Cattleya acarició suavemente la espalda arqueada de Lux, ya que no podía dejar de llorar. 

—¿Qué estás diciendo? Lux, estás bien exactamente porque eres una chica normal y frágil. Ah, pero tampoco es que yo no sea normal. Soy fuerte y guapa, pero soy una chica súper normal... 

—Cattleya, lo que dices es inconsistente —Violet le dio a Lux un pañuelo de seda. 

Tal vez debido a que sus alturas son casi las mismas, a pesar de que sus rostros no se parecen y sus cuerpos son diferentes, la figura de las tres cuando se acurrucaron juntas las hizo parecer extrañamente como hermanas. 

—Ver a las chicas acurrucadas es bastante agradable, ¿verdad, Benedict? 

—Viejo, sólo apúrate y haz algo con este lugar. 

—¿Deberíamos abrazarnos también? ¿Deberíamos? 

—¡No juegues y da las instrucciones! 

Mientras Benedict le daba una fuerte patada lateral hacia atrás, Hodgins dejó de bromear. 

—Eeh~, entonces, ¡todos se pueden retirar...! Eso es lo que me gustaría hacer, pero tengo una petición. El que no tenga planes para después, que me ayude a destruir la compañía Salvatore. 

—Oye, Viejo. 

—¿Qué pasa, Señor Benedict? 

—No has comprobado las cosas, así que no sabes de qué se trata, pero dejamos las oficinas internacionales al resto del personal de combate. Los chicos que se quedaron en la oficina principal se pusieron en contacto con ellos. Ya que son esos tipos... los eliminarán sin preocupaciones. 

—¡Asombroso! ¡Pero no tenemos personal de combate! ¡No es como si te hubiera contratado con esa intención! Bueno, ya que tiene que haber gente que pueda ir a los campos de batalla, no tenía esa intención, pero... 

—Desde el principio, ese fue nuestro propósito, Presidente Hodgins. Para que no ocurriera lo mismo después de esto, creímos que arrasar con todo y aniquilarlo completamente era un buen plan. 

—Aterrador, aterrador. Tu expresión también da miedo, Pequeña Violet. ¡Sonríe! ¡Está arruinando tu linda cara! 

—¡Presidente! Quiero que me compres una gargantilla nueva cuando terminemos. ¡Mira! Las perlas de la gargantilla se desprendieron... también era mi favorita. 

—Bien, Cattleya. Ya sean gargantillas, ropa o cualquier cosa, el tío te lo comprará. 

—Hum... Presidente. ¿Qué debo hacer? —el miembro del personal que no está peleando, Lux, se agarró fuertemente la falda, pareciendo nerviosa. 

—Pequeña Lux, volvamos a la oficina central. Haré que te traten allí. Está bien; todos en la oficina central contactaron con los otros empleados, así que debería haber gente reunida allí. Es más seguro para ti que venir con nosotros. Benedict, lleva a la Pequeña Lux a la oficina central, y luego reagrúpense. 

—Roger; deja algo para que yo también haga el trabajo. 

—No estamos compartiendo rebanadas de pastel... Ahora, Pequeña Violet y Cattleya van conmigo a aplastar las sucursales. Vamos a decidir las reglas. Nada de pegar a las chicas. Golpear a los bastardos está bien. 

—Entendido. 

—Biiiii~en. 

Los miembros de la Compañía Postal CH continuaron su reunión estratégica sin prestar atención a la gente que habían derrotado tirada en el suelo. Cuando por fin terminaron, salieron del edificio mientras hacían que los carteros de Salvatore que se habían levantado una vez más no se recuperaran. 

Encendiendo un cigarrillo, Hodgins comenzó a caminar con él en su boca, y todos lo siguieron. 

Ese día, dentro de Leidenschaftlich, los disparos resonaron en varias zonas de la capital Leiden, pero nadie intentó contenerlos. Además, la policía militar no hizo ningún movimiento, independientemente de la cantidad de informes que recibió. 





La oscuridad nocturna se profundizó hasta bien entrada la noche. 

Las luces estaban brillantes en un bar en la esquina de un distrito comercial. "Reservado para todo el día", decían las torpes palabras en un papel pegado al tablero del menú en frente de la tienda. La figura de una seductora bailarina estaba dibujada en dicho tablero. Por su aspecto, era un lugar donde la gente disfrutaba de espectáculos junto con sus comidas. 

Las voces de la gente riendo agradablemente y la música animada se podía escuchar filtrándose desde el interior del bar. Parecía ser la fiesta de alguna compañía. Los hombres y mujeres estaban en una proporción de uno a uno. Sus edades variaban y todos ellos se diferenciaban por el color de su piel, pelo y ojos. 

Incluso entre ellos, había unos pocos que llamaban la atención. 

Un joven mostraba espléndidos pasos en una mesa con botas de tacón que parecían de mujer. Los bailarines balanceaban sus cuerpos junto a él y bailaban a su antojo. 

En otra mesa, una hermosa mujer sonreía mientras luchaba con un hombre de rasgos faciales diabólicos y abundantes músculos. Viendo que ella le retorcía el brazo en cuestión de segundos, podría ser que él la dejara ganar a propósito. Sin embargo, el hombre que había perdido se frotó su brazo aparentemente herido con una cara extrañamente verosímil. 

Una joven de pelo plateado con una gran gasa en la mejilla estaba jugando una partida de cartas con una persona rubia de aspecto terriblemente andrajoso. Lo más probable es que fuera póquer. Parecía preocupada por no poder leer la expresión del otro. Mientras todos los demás vaciaban botellas de alcohol, sólo ellos dos tomaban tazas de té en su compañía nocturna. Cada uno estaba obsesionado con su propia victoria, jugando en serio. 

—¡Ah~! ¡Gané! ¡Gané lo suficiente como para comprar un par de zapatos! Ah, Lux, ¿no son esas cartas ganadoras? 

—Las mujeres que saben bailar seguro que son geniales. V, eres malísima jugando a esto, ¿verdad? 

Benedict, que se había cansado de bailar, y Cattleya, que se había cansado de los forcejeos, vinieron a sentarse en la tranquila mesa con la intención de entrometerse. 

Lux puso las cartas que había estado escondiendo hasta sus labios sobre la mesa. 

—¿Quieres dejar el póker, Violet? 

—Eso es correcto. Las cartas que tenemos en nuestras manos han sido destruidas por un tercero. 

No tenían la voluntad de enfadarse. En todo caso, Lux estaba tan feliz de poder volver a esa insignificante vida diaria con sus compañeros que acabó riéndose. Tal vez debido al lugar donde le habían golpeado, cuando se reía, arqueaba la espalda con gestos de "ay, ay, ay". 

—¿Estás bien? ¿No es mejor que descanses ya...? 

—Yu~p, pero creo que es más seguro estar con todos durante todo el día... El Presidente Hodgins también está aquí, así que no puedo ir a casa. 

Cattleya reaccionó rápidamente y miró la dirección de Lux como un impulso. 

—¿Qué quieres decir? 

—Hemos decidido que hoy estaré con el Presidente. Verás, es porque la casa del Presidente estaba en el último piso de la empresa. No tenemos donde dormir esta noche, ¿verdad? También tuve esa experiencia de ser secuestrada... Estaba preocupado y me consiguió una habitación en un hotel de la ciudad. Parece que el Presidente Hodgins también se quedará en él por un tiempo. Hasta que este lío termine, yo también estaré trabajando desde allí. Hoy nos vamos juntos, así que tengo que esperarle. 

Mientras que Violet respondió afirmativamente diciendo: 

—Eso es tranquilizador. 

Cattleya se puso roja como la remolacha. Uno podía ver por su cara lo que estaba imaginando. Agarró el brazo de Lux y la sacudió violentamente. 

—¡Tú! ¿Entiendes lo que estás diciendo? 

—¿E-Eeh? Nuestras habitaciones están separadas, ¿sabes? 

—Cattleya, Lux está herida. 

—Ni hablar. No sé cuántos años aguantará, pero ni siquiera él es tan desvergonzado. 

—¡Oye! ¡No te metas en una charla de chicas! 

—Ah, lo dijiste. Entonces no te metas cuando estoy hablando con el Viejo, pase lo que pase. 

Como había empezado otra pelea, como una forma acostumbrada de hacer frente a la situación, Violet y Lux dejaron a los dos y empezaron su conversación de nuevo. 

—Hablando de eso... Violet, ¿estás bien? Estás vestida muy linda hoy... ¿Podría ser que fueras a reunirte con esa persona... con el Señor Mayor? 

El momento en que recibió semejante pregunta fue exactamente cuando la mirada de Violet se fijó en la entrada del bar. 

—Estoy bien. 

Alguien se dirigía hacia ella. 

Tal vez por haber venido con prisa, dicha persona estaba sin aliento. Su frente empapada de sudor era una prueba de los esfuerzos que había dedicado hasta llegar allí. Fue atrapado por Hodgins y se detuvo, pero aun así, se dirigió hacia ella lo más rápido posible. 

Esa persona pronto vio a Violet desde la entrada del bar, y Violet se congeló en su lugar en el momento en que él llegó. Era casi como si hubiera gravedad entre ellos que los atraía a uno hacia el otro. 

Violet se levantó naturalmente y se precipitó hacia él. 

-Ah, Violet. 

Lux lo notó. 

-Ya veo, así que es así. 

Cualquiera que estuviera cerca podría decirlo. 

-Ustedes dos ya son así. 

Después de todo, era como si el aire sobre ella hubiera cambiado completamente en el momento en que él apareció. 

—Coronel. 

El que estaba allí era el coronel Gilbert Bougainvillea del ejército de Leidenschaftlich. Quizá porque estaba en un día libre, sólo llevaba una chaqueta de buena sastrería y una camisa. Las miradas curiosas de la gente que hacía ruido en el bar cayeron sobre él de golpe. 

—Violet. 

Después de todo, era un hombre del que se rumoreaba en la compañía que movió el ejército para proteger a Violet. Su existencia se dio a conocer durante el incidente del secuestro del tren Intercontinental, después de lo cual había pasado un año rápidamente. Por supuesto, esa era una historia que sólo se contaba internamente y Hodgins era considerado públicamente como el principal líder de esa estrategia. 

Los miembros de la compañía postal que se habían reunido para salvarla habían visto en persona al hombre que llegó corriendo mientras la cargaba como a una princesa. En ese entonces, también vieron cómo a Benedict se le confiaba Violet, con la boca abierta como si se hubiera vuelto senil. 

—Coronel, mis disculpas... terminé rompiendo nuestro acuerdo. 

Su cabello algodonoso se arruinó. El traje elegido para ella y con el que su cuerpo estaba vestido se había convertido en un harapo. Todo lo que ella había preparado para él se había reducido a la miseria. 

Sin embargo, verla vestida así provocó que el corazón de Gilbert latiera más fuerte. 

—Tú... 

"Te ves hermosa" fue lo que empezaba a decir, pero al notar una mirada que presionaba ferozmente desde el costado, se alejó. 

Benedict parecía extremadamente malhumorado. Chasqueó su lengua cuando sus ojos se encontraron. 

—¿Algún problema...? 

—En realidad no. ¿Hay alguna ley que diga que no puedo mirar al bastardo que husmea en la zona de V cada vez que hay luna azul desde ese incidente como si fuera una visión rara? 

—Me ayudaste a aferrarme a Violet en ese entonces. Estoy agradecido... Y, no sé nada de esa ley, pero si se trata de establecer algo de vigilancia, yo soy el que está en lo alto. 

Algo como una onda de choque eléctrico corrió entre los dos. Benedict no disminuyó su desconfianza hacia Gilbert hasta ahora, molesto por ese hombre que parecía que podría convertirse en un rival de amor para la pareja de Benedict si hubiera estado en el mismo lugar de trabajo que ellos. 

—¡Esta fue la subida del telón de su confusa batalla! —Justo cuando los dos abrieron sus bocas de nuevo, Hodgins intervino con un comentario tonto. 

Silencio. Los dos miraron simultáneamente a Hodgins como si estuvieran viendo algo deplorable. 

El mismo Hodgins separó a Gilbert y Benedict, interponiéndose entre ellos, poniendo sus brazos alrededor de cada uno y riendo estridentemente, 

—¡No peleen por mí! Vaya, quería intentar decir esto una vez. 

—¡Cállate, Viejo! 

—Mantente alejado, Hodgins. Apestas a alcohol. 

Fue una conversación con un magnífico poder explosivo. Por lo que parece, Gilbert y Benedict no parecían llevarse bien, pero su actitud hacia Hodgins era similar. 

—Viejo, mañana será terrible para ti si bebes demasiado. Estás en esa edad, ¿no? 

—Cariño... lo dices porque estás preocupado por mí, ¿verdad? 

—Oye, detente. Detente. No soy una mujer. 

Mientras Benedict se alejaba de Hodgins, que intentaba darle un beso, Gilbert y Violet pudieron por fin volver a mirarse a los ojos. Violet tenía un rostro que denunciaba que había pasado por un momento infernal. 

—¿Alguna lesión? 

—Menores. Al mismo nivel que un rasguño en la rodilla. 

—Eso es bueno... —Lo decía de verdad desde el fondo de su corazón. Viendo a Cattleya y Lux observándolos ansiosamente, Gilbert habló más allá—, Tú también, ¿alguna herida? Aah... necesitas un médico. 

—No, no, estoy bien. 

Lux ya había recibido tratamiento, pero parecía que su herida podría abrirse al día siguiente. 

Tal vez llevándola siempre en su persona, Gilbert tomó una pluma y un pequeño cuaderno del bolsillo interior de su chaqueta, entregándole una hoja de papel que contenía cierta dirección dentro de Leiden. 

—Esta es la clínica donde está mi médico de cabecera. No necesitas pagar si das mi nombre, así que ve allí otro día. Probablemente necesitarás analgésicos por un tiempo. Incluso en el hotel donde te hospedas, por favor, dale mi nombre al dueño del hotel si necesitas algo. Estamos en términos amistosos, así que te tratará bien. 

Lux actuó con incertidumbre al aceptar el papel. 

—Ah. Muchas gracias. Es muy generoso... ¿Podría ser... que la reserva del hotel... Señor Bougainvillea, erm... Coronel Bougainvillea, haya sido hecha por usted?" 

Después de mirar a Hodgins, que se estaba enredando con Benedict, Gilbert asintió. 

—Esa cosa me lo pidió. No puedo decir esto en voz alta, pero también me he deshecho... de los documentos presentados en la oficina del gobierno a nombre de su empresa. Cuando uso mi influencia en lugares fuera de mi jurisdicción... ...termino perdiendo una ficha que podría usar en caso de emergencia, pero... —Tal vez como si recordara algo, frunció un poco el ceño y se rió—. Hodgins cuidó de Violet. Tampoco escatimaré esfuerzos por todos ustedes en caso de que algo suceda. Si hay algún asunto preocupante, puede ser incluso a través de Violet, pero díganmelo. 

—S-Sí. 

Cattleya y Lux dejaron en silencio que sus mejillas se tiñeran de rosa. ¿Había alguna chica cuyo corazón no palpitara a Gilbert mientras mostraba una dependencia de hombre adulto de una manera diferente a la de Hodgins? 

—Coronel, eres tan genial. 

—Coronel, es usted maravilloso. 

No, no lo había. 

Por alguna razón, los dos tenían los dedos entrelazados frente a sus pechos y estaban haciendo la misma pose. 

Gilbert contestó de forma franca: 

—No son mis subordinados, así que no necesitan referirse a mí por mi rango. 

Violet tiró del dobladillo de la chaqueta de Gilbert muy ligeramente. 

—Coronel, hum... ¿le gustaría sentarse? Debe estar cansado. 

—Aah, no. Lo siento pero me retiro. Tú también, Violet. Los dos están en la casa Bougainvillea y estamos haciendo que se preocupen. Ya me he puesto en contacto con ellos para decirles que te llevaría de vuelta, así que ven. Se detuvo en un lugar un poco lejos, pero tengo un carruaje listo, así que vamos a caminar hasta allí. Señorita Lux. Tú... estuviste con Hodgins hoy, ¿verdad? Señorita Cattleya, ¿qué hay de ti? Podemos llevarte a casa si es necesario. 

—¡¿Sabes mi nombre?! ¡¿El mío?! 

—Por supuesto; lo escuché de Violet. Entonces, ¿qué vas a hacer? 

Tal vez debido a la extrema felicidad de eso, Cattleya golpeó la espalda de Violet con fuerza bastante fuerte innumerables veces con el ánimo en alto. 

—¡Estoy bien! ¡Estaré aquí con todos hasta la mañana de hoy! 

—Probablemente es mejor si son muchos. Bueno, mis disculpas ya que estamos en medio de una agradable charla, pero me la llevo. Gracias... por estar siempre tan cerca de Violet. Encontrémonos de nuevo en otro lugar. Por favor, permítanme al menos invitarles a una comida —Gilbert naturalmente se quitó la chaqueta y la puso sobre los hombros de Violet. Empezó a escoltarla lejos como si nada. 

—¡Ah! ¡Bastardo! ¡Espera! ¡V es mi hermana pequeña! 

—A todos, buenas noches. Benedict también. 

—¡Espera! ¡V~! ¡Oye, Viejo! 

Fijando los brazos de Benedict a su espalda, Hodgins le hizo un guiño a Violet. Era cierto que estaba borracho, pero su táctica era probablemente mantener a Benedict lejos de Gilbert. Podría haber pagado por el pecado de hacer que los dos perdieran el tiempo que tenían que pasar juntos debido a su secuestro. 

Hodgins y Gilbert simplemente intercambiaron breves despedidas como, "Te llamaré" y "Nos vemos". 

—Benedict sufrió una derrota abrumadora, ¿eh? 

—¡Viejo! 

—Amigo, él está rivalizando contigo... pero tampoco lo está. 

Las dos jóvenes que quedaron atrás hablaron mientras aún miraban la entrada del bar. 

—Para ser honesta, el Presidente me habló mucho del pasado de Violet después de ese incidente, y no me pregunté si alguien como él estaba bien para ella... pero, cuando lo conoces, ya sabes... 

—Sí, es diferente cuando lo conoces, ¿verdad? 

—Es porque realmente la apreciaba que cometió muchos errores, hizo lo mejor que pudo para recuperar muchas cosas, y ahora son así, ¿eh? —susurró Lux, muy pensativa. 





Atravesar una noche de otoño en la que los vientos nocturnos eran gélidos les robó a los dos un poco del calor corporal proporcionado por el cálido interior del bar. Violet, a quien Gilbert había puesto su chaqueta, lo miró con sólo la camisa puesta para cuestionarle. 

Pronto se dio cuenta de su mirada y sus ojos se encontraron. Entonces le sonrió. 

—¿No tienes frío? 

Sólo con que él le lanzara esas palabras, como Violet aún no estaba acostumbrada, su corazón se aceleró. 

—No; Mayor, ¿qué hay de usted? 

Los momentos en que ambos se encontraron todavía estaban en un punto en el que se podían contar con una sola mano, y durante esos momentos, la contención provocada por su larga ausencia se manifestaba en forma de agitación. Desde la perspectiva de los demás, eso casi no se percibía. Después de todo, sus expresiones faciales eran generalmente carentes de emoción. 

—Estoy bien. He corrido y sudado mucho hoy, así que todavía estoy acalorado. 

—Mis disculpas, Coronel. 

—No hay nada de qué disculparse. Lo hice porque quise. Violet. También fue por el bien de Hodgins. 

—Muy bien, Coronel. 

—Caminemos un poco más despacio. Una vez que subamos al carruaje, el camino a casa durará un parpadeo. 

—¿Es eso malo...? 

El que había hecho la petición era Gilbert, y las palabras que Violet estaba a punto de decir terminaron muriendo antes de que pudieran tomar forma. Eso fue porque añadió dulcemente, 

—No tengo suficiente tiempo contigo. 

—Está bien, Mayor. 

Sus ojos hablaban más elocuentemente que su yo sin expresión. Los orbes azules de Violet estaban pegados a los esmeralda de Gilbert. 

—Yo también quiero charlar un poco. ¿Está todo bien con ese joven llamado Benedict? 

—Con eso, ¿quiere decir...? 

—Parece que te favorece. 

—Tiene otra mujer que le gusta. Parece que tienen una relación, y ellos mismos la ocultan, pero todos a su alrededor lo saben. 

—¿Así es? 

—Sí, él está... en una posición de hermano mayor... con respecto a... mi persona, me dijo. 

—¿Te lo dijo? ¿Ese hombre? 

Los colores de sus ojos y pelo eran ciertamente similares, y se podría decir que el hombre era una belleza andrógina, pero su habla y su conducta eran muy diferentes a las de Violet. 

—Él mismo lo dijo. 

—Aah, de hecho te llamó su hermana pequeña... ¿Debo interpretar eso como una muestra de afecto hacia ti...? ...pero no parece que nos llevaremos muy bien. 

—¿Es así? 

"Probablemente será difícil". 

Como Violet había oído la historia del pasado de Hodgins y Gilbert, estimó que tal suposición sería refutada. Gilbert y Hodgins también eran un dúo que uno no creería que se llevara bien. 

—Parece que se meterá cuando esté contigo. 

Como Gilbert puso una cara como si se hubiera tragado un bicho de sabor amargo, Violet no expresó su opinión al final. 

—Mayor. 

—¿Qué pasa? —Como Violet lo llamó, el centro de sus cejas se ablandó inmediatamente. 

—Si hubieras logrado reunirte conmigo como estaba previsto hoy, ¿a dónde tenías intención de ir? 

—Aah, en realidad había hecho un arreglo para que fuéramos a montar a caballo. 

—Caballos. 

—Puedes montar los caballos del ejército, y creo que los paseos largos no son malos si es en días con buen tiempo otoñal... ¿No te gustaría? 

—Coronel, no hay nada que me disguste si estoy en su compañía. 

—Esa respuesta me hace feliz, pero creo que quiero aprender sobre tus gustos poco a poco. Kukuh. 

Mientras Gilbert se reía en voz alta, Violet inclinó su cuello. 

—¿Pasa algo? 

—Tú... probablemente no lo has notado, pero has estado mezclando 'Mayor' y 'Coronel' al referirte a mí. 

Como había sido ascendido de mayor a teniente coronel y de teniente coronel a coronel, podría decirse que referirse a Gilbert con un rango inferior era terriblemente inapropiado. 

Violet corrigió su postura y se disculpó de nuevo, 

—Yo... lo siento. Mis disculpas, Coronel. 

—No, no es eso. No estoy enojado... Desde que eras pequeña, solías llamarme así. La primera palabra que escuché de ti fue esta también. Digo que si no puedes acostumbrarte, no me importa el 'Mayor'. 

—'Coronel'... Coronel, no me equivocaré más. 

Su figura mientras intentaba memorizarlo, para no olvidarlo, era amorosamente terca. Gilbert pudo ver su pasado desde ese aspecto inmaduro de ella. 

Al principio, los dos habían tenido un diálogo inepto. Casi como lo harían los niños, se habían dicho sus nombres. 

"Ma... yor". 

"¿Puedes entender lo que digo, Violet?" 

"Mayor". 

Después de aprender palabras y conocer la disciplina, se había convertido en su arma. 

"Si esa es la orden del Mayor..." 

"No es una orden..." 

"Si... es su deseo..." 

Había terminado por amar a la chica arma. 

"Los ojos del Mayor están aquí". 

"Me pregunto... cómo se llama esto." 

Había sido un amor unilateral. 

"Me convertiré en su 'escudo' y 'arma'." 

" Lo protegeré". 

"Por favor, no dude nunca de esto. Soy su 'activo'." 

Aun así, él la amaba. 

"¡Te amo!" 

"¡No quiero dejarte morir! ¡Violet!" 

"Te amo, Violet". 

La chica arma lloró porque no entendía lo que se le había concedido. 

"¿Qué es... el amor?" 

Nadie le había enseñado sobre eso. 

"¿Qué es... el amor? ¿Qué es... 'amor'? ¿Qué es el 'amor'?" 

"No entiendo, Mayor..." 

Tampoco había entendido por qué le había dicho eso. 

"¿Qué es... el amor?" 

Ella buscó el significado de esas palabras y él, que había desaparecido, las encontró por casualidad finalmente. 

Y así, habían llegado al tiempo presente. 

—Violet —Gilbert tomó las yemas de sus dedos artificiales mientras ella se quedaba quieta. 

Su dedo índice hacía sonidos chirriantes. 

—Ya que estamos en ello, ¿no me llamarás por mi nombre? —Se señaló a sí mismo con el dedo. 

Las puntas de los dedos que solían ser suaves y tener temperatura corporal en el pasado ya no lo tenían. Lo mismo se aplicaba a uno de los brazos de Gilbert. 

—Yo soy Gilbert. Gilbert Bougainvillea —Señaló a Violet a continuación—. Tú eres Violet. Violet Evergarden —Movió el dedo en ambos sentidos, diciendo—: Gilbert, Violet... Gilbert, Violet. 

Los dos que terminaron con una pieza mecánica habían crecido y cambiado. No eran un padre y una hija originalmente. Ni tampoco hermanos. También habían dejado de ser superiores y subordinados. 

—Lord Gilbert. 

Ante la predecible respuesta de Violet, Gilbert sonrió amargamente. 

—La parte del 'lord'... no es necesaria. 

Supuestamente había hablado con suavidad, pero Violet le mostró una cara de desconcierto. 

—Mis disculpas... ¿Ha... llegado a odiarme...? 

—No. No sé cómo sentir otra cosa que no sea afecto hacia ti... Parece que... —mientras pensaba que también era válido para él, Gilbert declaró—, hum... te sientes insegura por ello de vez en cuando, pero nunca te odiaré. 

—¿Por qué? —Violet preguntó. 

¿Qué tan grande sería si él pudiera mostrarle las entrañas de su corazón? Representar de alguna forma que "esto es amor" sería tan simple. Sin embargo, fue debido a no poder hacer eso, que la gente pronuncia palabras para ofrecer su amor. 

—Porque te amo más que a nada. 

Violet comenzó a buscar ese término dentro del mar de palabras incrustadas en su interior. "'Amar... más que a nada'..." Mientras salían de su lengua, qué palabras tan espantosas y apasionadas eran. 

No había otra frase más apropiada para Gilbert Bougainvillea. 

—¿Me ama... más que a nada? 

—No tengo ojos para nadie más que para ti. Eres a la única que le tengo cariño. 

—¿Eso es... amar más que nada? 

—Te amaré por toda la eternidad y seguiré amándote. 

Ella no preguntó "Eso es... ¿Eso es amar más que nada?" una segunda vez. Las mejillas de Violet estaban cubiertas de color rosa, su corazón empezó a palpitar hasta el punto de doler, y su campo de visión se volvió borroso. No pudo mirar la cara de Gilbert. Sin darse cuenta, bajó la cabeza, pero él terminó mirándola. La distancia entre sus caras era suficiente para que se besaran. 

Era de noche y los dos estaban solos en ese lugar, así que hicieran lo que hicieran, nadie los miraría. Tal vez se las arreglaran para mantenerlo en secreto incluso ante Dios. 

—Tuve una fase de... me gustas... luego me enamoré de ti, y ahora, resulta que te quiero más. ¿Entiendes? 

—¿Nunca disminuye? 

—¿El afecto? 

—El amor. 

—No sé... Pero no quiero que eso suceda y reconfirme si te amo numerosas veces, así que probablemente se intensifique, no disminuya. Me siento lleno con ello. 

—¿Con amor? 

—Sí. La razón por la que creo que te amo es porque tú me diste ese sentimiento. 

Violet Evergarden, que había estado aprendiendo y copiando de él - de la gente -, fue capaz de asimilar el significado de esas palabras. 

—¿Le hago eso a usted, Mayor? 

Una vez más, su forma de referirse a él había cambiado. Gilbert pensó que estaba bien de cualquier manera. 

—Me haces eso —Gilbert silenciosamente plantó un beso no en la mejilla o los labios de Violet sino en las puntas de los dedos a los que se aferraba. 



Silencio. 

Esos eran dedos artificiales. No podía sentir nada con ellos. Sus brazos se habían ido, y nunca más volverían. 

Poner un beso en un lugar así no podría transmitir nada. 

Aun así, lo había besado deliberadamente de manera cariñosa. Por alguna razón, esa acción - los sentimientos de Gilbert - causó que los ojos de Violet se calentaran como si se quemaran y produjeran lágrimas. 

Violet intentó detenerlas. Eran lágrimas incomprensibles. ¿Por qué estaban fluyendo en ese momento? Definitivamente molestarían al hombre que estaba delante de ella. 

Sin embargo, las lágrimas ya se acumulaban en sus húmedos ojos hasta que, finalmente, una sola gota se derramó. La lágrima redonda que cayó de uno de sus ojos dejó a Gilbert angustiado. 

—Violet —Viendo su reacción, rápidamente soltó sus dedos—. Lo siento —Dio un paso atrás, levantando las dos manos como para que ella entendiera que no haría nada más—. Lo siento mucho. 

Violet no respondió. Ella miró fijamente a Gilbert sin siquiera secarse la lágrima, como si estuviera dispersa. Su actitud no era de ira. Su aspecto tampoco era de tristeza. Él no tenía ni idea de lo que ella estaba pensando. Tenía la mirada de alguien que parecía estar teniendo un sueño. 

Los dos habían vivido separados, y él había pensado que sus expresiones faciales se habían enriquecido desde que se habían reunido, pero una vez que ella se calló, no pudo entenderla. Su falta de expresión y sus rasgos de muñeca no le permitían a Gilbert estudiar sus emociones. Sin embargo, lo único que podía entender era que su acción acababa de ser una tontería. 

--¿Qué estoy haciendo? 

Le dijo que esperaría el tiempo que fuera necesario. El beso en sus dedos podría haber sido una violación de esa promesa. Debería haber sido el mejor caballero para ella, pero podría haber perdido ese derecho. 

Cuando ella estaba a su lado, era insoportablemente cariñoso. El amor hacia ella que se encendió en su pecho terminó desbordándose. 

—Juro que no lo haré más... 

Un coronel del ejército de Leidenschaftlich había perdido la dignidad ante la chica de la que estaba enamorado. 

—Violet... 

¿Qué cara estaba poniendo ahora? ¿Qué le pareció a ella? 

—Mayor, yo... —Violet lo llamó con su voz de campana de viento. Se agarró a los dedos de Gilbert y dio un paso adelante. La distancia entre ellos se redujo una vez más. Y luego dio otro paso. 

Estaba lo suficientemente cerca como para ser abrazada por Gilbert. 

—Violet... 

—Mayor... por favor —Violet se asomó a los ojos de Gilbert. 

Los orbes de color verde esmeralda que habían llevado inmutablemente la belleza, la bondad y un poco de soledad desde que se conocieron estaban allí. Violet se reflejaba ahora en ellos. 

Violet estaba dentro de su mundo. 

—No jure eso —Los párpados de Gilbert parpadearon ante sus palabras directas—. Por favor, no jure... que no lo hará más. 

Al ver que las lágrimas subían en los ojos de Violet una vez más, Gilbert impulsivamente extendió un brazo hacia ella. Acarició su pelo dorado para calmarla, escuchando seriamente lo que ella trataba de decirle. 

—Mayor, usted me lo explicó, ¿verdad? Que amar es pensar en querer... proteger a alguien más. 

Él limpió sus lágrimas con la punta de sus dedos. 

Violet confió su mejilla a su mano y derramó más lágrimas. "Esto se ha... aplicado a mí desde siempre." 

Intentaba reponer su falta de vida. Más bien, la verdad era que los dos podrían haberlo hecho desde el momento en que se conocieron, ya que era casi como si compensaran la falta de habilidad del otro, pero se habían perdido entre sí innumerables veces y no se habían mezclado bien. 

El pecho de Violet se llenaba ahora con una sensación de calor que experimentaba por primera vez. 

—Siempre, siempre lo ha hecho, desde hace mucho tiempo. Simplemente... no lo sabía... 

--Esta fuerte palpitación en mi pecho, este éxtasis, el hecho de que termine influenciada por cada una de sus acciones... 

—Yo… 

--...la razón por la que lloré que quería estar a su lado y le pedí que no me dejara más... 

—Mayor... yo... 

--...la razón por la que estoy llorando ahora... 

—Yo, a partir de ahora... 

--...es que, una vez que el "gustar" y el "amor" cayeron y se amontonaron como la nieve, y me volví incapaz de fundirlos, había querido hacerle saber que deseaba que lo mismo fuera válido para usted. 

—...tengo la sensación de que yo... 

La gente lo declararía como si ofreciera una oración. 

—...lo entiendo mejor que antes. El "Te amo", eso es.







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13 comentarios:

  1. Recuerden que a estas fechas ya debería haberse publicado el cuarto y último volumen de esta serie. Toca esperar la traducción al inglés.

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    1. Hay cuarto???? Dios que felicidaaaaad

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    2. Muchísimas gracias por tu duro esfuerzo te lo agradezco mucho 😊

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    3. Enserio??!!! Ahhhh que genial...lo esperaré muchas gracias ♥️♥️♥️

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    4. Enserio??!!! Ahhhh que genial...lo esperaré muchas gracias ♥️♥️♥️

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  2. Me encantó!.
    Gracias por traducirlo.

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  3. Me fascinó este capítulo, gracias por traducirlo.

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  4. Espero que en el cuarto volumen se den un pinche beso, leí toda la novela esperando eso ❤️❤️

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  5. el anime si <\3 por lo que paso en kyotoanimations :c

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  6. Seguirán traduciendo o este fue el final? En muchas páginas dice que la novela ya finalizó así que no entiendo si seguirán saliendo capítulos.
    Muchas gracias por el trabajo que hacen ❤️

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    1. Falta un último volumen titulado Ever After, el los próximos días publicaremos el prólogo, después tendremos que esperar a que se vayan publicando los capítulos en inglés.

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  7. Gracias por traducirlo! espero a que publiques el próximo volumen de esta maravillosa historia!

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