QUE TODO SE PAREZCA A AQUEL DÍA, REZO PARA QUE ASÍ SEA, JÓVENES
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...... Yo, Mónica Esperanto, ingresé al Palacio Tenketsu <Sophia> a los siete años.
Era una de las aspirantes a ser una sacerdotisa que protege el mundo: una aprendiz de sacerdotisa.
Al igual que el resto de las aprendices, me sentí muy feliz cuando me eligieron para ser aprendiz de sacerdotisa. Pensé que por fin podría aportar algo. Aunque tal vez sea un poco exagerado de mi parte decir eso... pero algún día, tal vez realmente me convierta en una persona esencial en este continente flotante.
Sin embargo, la mayoría de las aprendices de sacerdotisa que ingresaron al Palacio Tenketsu <Sophia> con ese sueño en mente habían abandonado el lugar por voluntad propia en menos de un año.
Un entrenamiento que rayaba en la tortura, mezclado con nuestras lágrimas y nuestra sangre.
Glamoroso y misterioso. Muchas aprendices de sacerdotisa se toparon de frente con una realidad muy diferente a la imagen que tenían en mente de las sacerdotisas.


