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Puedo decir, sin temor a que se malinterprete, que no tenía ningún plan.
Ni medidas que tomar, ni planes que trazar.
No tenía ni idea de qué hacer con respecto a mi comida.
En ese momento, me había devanado los sesos para intentar detener la partida de la princesa a toda costa; aunque la convenci con elocuencia de que no debía irse a otro país sin pensarlo bien, yo era casi tan imprudente como ella; no, ni siquiera eso; era aún más imprudente que ella.
Le dije que juntos encontraríamos la manera de deshacer la maldición de la bruja, pero no es que tuviera una idea concreta de cómo hacerlo.
No tenía ni idea.
Ciertamente no era mentira decir que tenía algunos conocimientos de brujería, pero realmente era solo "algunos"; de ninguna manera sería capaz de deshacer una maldición o contrarrestarla con otra maldición o algo por el estilo.
Me había propuesto como prioridad guardar a la "Princesa Belleza" en un lugar fresco y oscuro como el Castillo de los Cadáveres para prepararme para comérmela, pero no tenía la más mínima idea de cómo proceder a partir de ahí.
