El sonido del viento que salía del sistema de purificación del aire y el ruido del vehículo balanceándose al ritmo del movimiento de la ciudad... Era la segunda vez que Leerin lo oía.
—¿De verdad tienes que irte?
Le parecía haber oído palabras similares antes. Los mismos ojos llorosos y pretenciosos de antes. Leerin no estaba enojada, pero sentía que le habían quitado las fuerzas de las extremidades.
—¿Qué estás haciendo? —gimió, dejando el equipaje a su lado y presionándose la frente con una mano. Al recordar cómo había sido ella en el pasado, pensó que moriría de vergüenza.
Synola dejó de fingir y sacó pecho.
—Disculpa. Estoy triste porque te vas.
Leerin estaba en la estación del autobús itinerante. Una vez que tomó la decisión, actuó con rapidez. Solicitó una licencia temporal en la escuela y luego fue a empacar su equipaje y a llenar los papeles para conseguir un lugar en el autobús itinerante a Zuellni. Pasó su última noche con Derek. Su padre adoptivo ni siquiera la acompañó a la puerta. Así era él.

