NADIE DUERME ESTA NOCHE
—Nos vamos a casar.
Era tarde por la noche cuando Naomi llamó. En ese momento, estaba rebuscando entre montones de discos con la esperanza de encontrar algo de dinero o algo comestible.
—¿En serio...? ¿Eh? Eso no importa... ¡Creía recordar haber tirado aquí unos fideos instantáneos!
—¿Cómo que no importa?
Mi cabeza se estrelló contra el escritorio cuando intenté esquivar ese rugido ensordecedor del teléfono, lo que provocó que los discos apilados en el escritorio cayeran sobre mí como los escombros de la erupción del Vesubio.
—¿Tetsurou? ¿Qué fue ese ruido? ¿Qué pasó? ¿Estás bien?

